La expedición perdida de Franklin y el saturnismo

Siendo esta la primera entrada de este blog, no se me ocurre mejor tema con el que empezar que la desgraciada aventura de Franklin y sus hombres en 1845. La combinación de la ilusión con la desesperanza, de la tragedia con la aventura. Una historia de la que todos podemos aprender algo, además de introducirnos la primera enfermedad que veremos en este blog; el saturnismo.

Pero pongámonos en situación: ¿quién demonios fue Franklin?, ¿qué le ocurrió?  En el siglo XIX, si uno quería pasar del Atlántico al Pacífico tenía que bordear el sur del continente americano; es decir, esos barquitos de madera tenían que bordear el cabo de Hornos, exponiéndose a uno de los mares más peligrosos que el hombre haya surcado jamás. El oleaje (allí hace un viento atroz) y los icebergs siempre hicieron la navegación en esas latitudes muy difíciles. Ese problema lo hemos solucionado actualmente con el Canal de Panamá, pero claro está que en aquellos años eso no era posible. Por eso los comerciantes y empresarios de las naciones occidentales estaban desesperados por encontrar el Paso del Noroeste, que es una ruta marítima que conectaría el estrecho de Davis con el estrecho de Bering, es decir, el Atlántico y el Pacífico por el Norte.

Northwest Passage
El codiciado paso del Noroeste

Este paso sigue siendo importante aún en nuestras fechas; el calentamiento global hará retroceder la barrera de hielo permanente hacia el norte, dejando estas aguas completamente libres a la circulación aún en verano, sin necesidad de rompehielos. De hecho en 2007 y 2011 ya se consiguió ese hecho, pudiendo los barcos usar una ruta que acorta el trayecto entre Europa y Asia (pensadlo por un momento: la ruta Londres-Osaka por el canal de Panamá es de 23.300 km y por el canal de Suez es de 21.000 km; la ruta por el paso del Noroeste es de 15.700 km). De hecho, Canadá y Dinamarca estuvieron a punto de llegar a las manos por estas aguas (recordad que pese a que Groenlandia se quiera independizar de Dinamarca, sigue siendo danesa) como bien podéis leer aquí: La frontera terrestre entre Canadá y Dinamarca

Por aquel entonces la cartografía de estas latitudes estaba muy poco avanzada, ya que se contaban a con los dedos de las manos a los valientes que se atrevían a llegar hasta esos mares. Sí, es cierto, incluso los vikingos habían intentado ir hacia el Norte, pero los hielos se lo frenaban. En el siglo XVII los ingleses fueron los que se atrevieron. Baffin fue el primero en alcanzar la bahía que lleva su nombre, aunque la expedición más famosa es la que acabó con el capitán, Henry Hudson, abandonado a su suerte (los marineros se negaron a ir más lejos por miedo y desánimo) en una región de la enorme bahía de Canadá que hoy día conocemos como Bahía Hudson. Incluso nuestros antepasados españoles lo intentaron, aunque desde la zona rusa (sí, los nuestros llegaron hasta Alaska y por eso algunas regiones tienen topónimos tan hispanos como el estrecho de Juan de Fuca, o las ciudades Valdez y Cordova); expediciones como la de Francisco Bodega y Quadra o Francisco de Eliza intentaron alcanzar ese paso, sin éxito. Sin embargo uno de los que llegó primero a las aguas que rodean Alaska fue el danés al servicio de los rusos Vitus Bering, que alcanzó el famosísimo estrecho que hoy lleva su nombre.

Aunque la conquista de esta zona del mundo sea algo apasionante, dada la cantidad de hombres y material invertida a lo largo de los siglos en ella, creo que deberíamos ya centrarnos un poco más en los protagonistas de nuestra historia. Corría el año 1804 y en Inglaterra un tal sir John Barrow se convirtió en Segundo Secretario del Almirantazgo, cargo desde el cual empezó a presionar a la Royal Navy para que descubriesen de una maldita vez el dichoso paso. Por ello, la armada de su majestad (no toda ella, evidentemente, ya que por aquel entonces había un señor en Francia dando la lata) dedicó esfuerzos en navegar por estas aguas. Los primeros viajes fueron bastante productivos, y entre uno de los exploradores destacaba sir John Franklin, aunque el apodo “el hombre que se comió sus botas” por una mala expedición en 1819 no auguraba nada bueno (la expedición en el río Coppermine, en Canadá, terminó con 11 hombres muertos, cuero de las botas comido e incluso sospechas de canibalismo).

John_Franklin
Aquí tenemos al prota de nuestra historia

Eso no quiere decir que Franklin no fuese un buen navegante; había participado en varias batallas y en numerosas expediciones. Bajo mi punto de vista, simplemente tuvo mala suerte. Siempre vivió obsesionado con la idea de encontrar el Paso, de ahí que acudiese a Barrow. Éste, con 82 años, estaba deliberando quién debería ser el hombre que diese el golpe de gracia a la exploración. Tras décadas y decenas de expediciones dedicadas a la búsqueda tan sólo quedaba un cuadrilátero de unos 180.000 km2, y en una sola expedición debería poder rematarse. Sus primeras opciones fueron rechazadas por los propios elegidos, así que no le quedó más remedio que aceptar la solicitud de Franklin, quien ya contaba con unos 60 años.

Así pues se les asignaron 2 barcos, el HMS Erebus y el HMS Terror (suena bonito el nombre ¿eh?), que incorporaban las últimas tecnologías náuticas de la época. Sin embargo, los alimentos en lata que se iban a llevar en la aventura fueron encargados a la española, es decir, mal y tarde. El proveedor tuvo que fabricar 8.000 latas a lo loco, soldándolas con plomo. Este dato es fundamental para saber qué ocurrió, así que quedaros con él.

La expedición zarpó de Greenhithe, en Inglaterra, en una soleada (en realidad no tengo ni idea de cómo estaba el tiempo, pero me gusta pensar que era soleada) mañana del 19 de mayo de 1845, con una tripulación de 24 oficiales al mando de 110 hombres. Nunca más regresaron a su patria.

Imaginaos por un momento que sois la esposa, el hermano o el padre de uno de esos tripulantes. Por aquel entonces es obvio que las comunicaciones no iban fetén, y que podían transcurrir meses hasta que uno supiese de alguien que se había marchado de viaje. Es más, dado que los barcos eran como eran, podían pasar años entre que uno volvía a ver a su familiar, quizás completamente cambiado (daros cuenta que la primera circunnavegación al globo tardó unos 3 años en realizarse y que de los 238 tripulantes sólo 22 llegaron a casa, aunque también hay que señalar que fue en pleno siglo XVI). Pues bien, con esa imagen en la cabeza, quiero que entendáis la desesperanza de esa gente cuando empiezan a pasar meses y meses, años y años y no sabéis qué fue de ellos. Y es entonces cuando tenéis que dar paso al pensamiento inevitable: ellos han muerto y hay que seguir con nuestra vida, no sabiendo nunca dónde han fallecido, ni en qué circunstancias, ni siquiera poder dar un último adiós a su cuerpo. Para que nos demos cuenta qué afortunados somos pudiendo hoy montarnos en un avión y en pocas horas plantarnos en el extremo del mundo. A veces hay que mirar al pasado para comprender cuánto hemos mejorado (y a la vez, cuanto hemos perdido).

La amante esposa de Franklin, Lady Jane Franklin, no se rindió. No puedo deciros cuáles eran sus pensamientos por aquellos tiempos, aunque me lo figuro; tras dos años de desaparición, la inquietud la llevó, junto a miembros del Parlamento y la prensa británica, a obligar al Almirantazgo a enviar expediciones en su búsqueda. Como respuesta se enviaron tres expediciones en 1848, tanto por mar como por tierra. Incluso se ofreció una suculenta suma de 20.000 libras a cualquier país que pudiese dar el paradero de estos hombres. Nada, todo fue en vano.

Pero la opinión pública no desistió. Era 1850 y se había puesto de moda una balada compuesta en honor a Lady Jane Franklin, conocida como “El lamento de Lady Franklin” (qué originales ¿eh?), que podéis escuchar aquí: El lamento de Lady Franklin . Estadounidenses, británicos y canadienses fueron los que más contribuyeron en esta búsqueda desesperada.

No quiero aburriros con estos detalles. La verdad es que incluso hoy día continúan las pesquisas, intentando saber con exactitud qué paso. Sólo destacar a John Rae, quien mientras exploraba la península de Boothia (Canadá) encontró a un inuit (esquimal para quien no lo sepa, aunque tal vez este término que significa “devorador de carne cruda” no sea el más adecuado) quien dijo que había encontrado hace años a un grupo de 35-40 hombres muertos de hambre por la zona. En el poblado de ese inuit le mostraron numerosos objetos que pertenecían a la expedición. Rae dio inmediatamente el aviso y a pesar de que el Almirantazgo se desentendió y dio por muertos oficialmente a todos los miembros de la expedición en 1854, se volvieron a enviar expediciones que poco a poco sacaron a la luz lo que había pasado…

Vale, César, todas estas expediciones están muy bien ¿pero qué había pasado? ¿nos lo vas a decir de una vez? Pues es lógico sospechar que todos los hombres habían muerto, claro está. Para saber el cómo hay que verlo pasito a pasito:

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La travesía de la malograda expedición

Los dos barcos habían llegado a la costa de Groenlandia sin mayores problemas. En agosto de 1845 fue cuando se los vio por última vez, en la bahía de Baffin, esperando un tiempo favorable. Por lo visto pasaron el invierno de 1845 en la isla de Beechey, donde 3 hombres murieron y fueron enterrados. Esto es algo bastante importante, dado que en estas latitudes los cadáveres se congelan como en una cámara frigorífica (por eso en las islas noruegas que conforman Svalbard las autoridades han prohibido los entierros, dada la avalancha de los deseosos de una criogénesis gratuita: Prohibido morirse en Svalbard); en 1984 se abrieron las tumbas y se encontraron 3 momias en tan buen estado que permitieron un minucioso análisis…

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Las momias. Estos cadáveres tienen más de 150 años

¿Os acordáis de las latitas hechas con recubrimiento de plomo? Pues los análisis demostraron que el escorbuto y la intoxicación por plomo pudieron haber sido fatales para la expedición. Por las prisas, las latas se soldaron mal, y el plomo se mezcló con el alimento como si fuese cera derretida. Los cadáveres mostraron, en efecto, ese metal en los huesos. Pero claro, ese plomo pudiera haber sido consecuencia de una larga vida exponíendose al mismo. Por eso los investigadores examinaron tejidos blandos; no había duda, habían sufrido una grave intoxicación (aunque estos tripulantes habían muerto antes que el resto por neumonías). En defensa del “pobre” proveedor de aquellas latas, diré que no sólo él fue el responsable, sino que el sistema de almacenamiento del agua dulce también tuvo bastante que ver (también es relevante el hecho de que en estos barcos el suministro de agua para el consumo humano y para alimentar la máquina de vapor que los movía era el mismo, por lo que el agua para beber no era, digamos, demasiado limpia).

Volviendo al tema, una vez pasado ese invierno en aquella isla, los barcos quedaron atrapados por el hielo (algo bastante típico y que ha sido el mayor quebradero de cabeza en todas las expediciones realizadas en ambos polos) cerca de la isla del Rey Guillermo. Al parecer, los barcos se fueron a pique (en 2014 salió la noticia del descubrimiento de uno de ellos). Los hombres tuvieron que desembarcar en la isla, a miles de kilómetros de la civilización, muchos de ellos enfermos de saturnismo, escorbuto y otras enfermedades. Franklin encontraría la muerte allí, el 11 de junio de 1847, junto a algunos de sus hombres. Los restantes tuvieron que iniciar una penosa travesía por ruta terrestre hacia el sur, hacia el río Back, que se encuentra en territorio continental. Uno a uno los hombres fueron muriendo en las condiciones más espantosas, viéndose en muchos casos forzados al canibalismo (los inuit avisarían de ello a las futuras expediciones de búsqueda, y parece ser que los estudios realizados el año pasado, en 2015, lo confirman Estudios demuestran canibalismo en la expedición de Franklin).

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Diario de Franklin encontrado en la isla en la que murió. Aquí están escritas sus últimas palabras

Eso fue lo que pasó, amigos. Una combinación letal de adversidades frustró la vida de más de un centenar de hombres, así como una expedición ambiciosa. Pero falta contestar a la pregunta fundamental; ¿qué es el saturnismo y por qué puede fastidiar de esta manera un proyecto así?

En primer lugar señalar que la intoxicación por plomo recibe el nombre de saturnismo (aunque a mí me suena mejor plumbosis)  porque los antiguos alquimistas llamaban Saturno a este elemento. Este metal es muy puñetero, dado que NO confiere sabor al agua o a los alimentos, por lo que está señalado como un contaminante de extrema gravedad ambiental.

Ponte en el caso de que te intoxiques (de manera aguda, aunque la forma crónica es, lógicamente en nuestros tiempos, más común) con plomo. Pues lo primero que tendrás es una anemia brutal, puesto que el plomo en sangre te bloqueará la síntesis de hemoglobina, ya que altera numerosas enzimas que metabolizan aminoácidos azufrados al desplazar elementos como el Ca o el Fe que estas enzimas usan en sus reacciones.

Aparte de esa anemia puedes tener hipertensión arterial secundaria (afecta a la renina plasmática y a la calicreína urinaria) y una grave neurotoxicidad (ya que el muy cabrón llegar al cerebro). Esta neurotoxicidad origina una encefalopatía aguda con alteración de los circuitos neuronales y de los neurotransmisores. Esto produce ataxia, somnolencia e irritablidad, retraso mental, neuropatía periférica (característica en intoxicación crónica, apareciendo pie caído y mano péndula)… En los casos más graves se produce una disminución del nivel de conciencia que puede evolucionar a coma y muerte.

Si la intoxicación fuese más crónica aparecería el famoso Ribete de Burton, es decir, una línea negruzca en el margen de las encías (que en la carrera nunca nos explicaron que se produce al reaccionar el plomo de la saliva con restos de alimentos). También puede dar lugar a vómitos, estreñimiento y heces negras (característico, obviamente).

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Ribete de Burton. Desagradable ¿verdad?

Y no sólo se queda ahí, también puede afectar al riñón (nefrotoxicidad aguda con afectación del TCP que origina glucosuria y alteraciones iónica en orina), al sistema inmune (es inmunosupresor, fastidiando a los LB y a las Igs), al sistema reproductor (esterilidad y, lógicamente, muerte neonatal) y siendo además un potente carcinógeno.

Ey ey ey!! Para el carro César. Me estás asustando. ¿Cómo lo detectarías y lo tratarías?

Para diagnosticarte de que estás chungo por una intoxicación por este metal, podemos fiarnos de la historia clínica (que hayas comido cosas que no deberías), de los síntomas (aunque exceptuando dos, los demás no son muy específicos), de radiografías de grandes articulaciones (muestra densas líneas metafisarias características) y de la espectrofotometría de absorción atómica en cámara de grafito (no te asustes por el nombre, simplemente es analizar una muestra de tejido, como por ejemplo pelo o hueso, para medir la cantidad de energía radiante que puede absorber o emitir un sistema químico como es el plomo en función de su longitud de onda; dicho de otro modo, no te va a doler nada de nada).

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Radiografía de la rodilla que nos podemos encontrar en el saturnismo

Y para el tratamiento… Pues yo seguiría 3 pasos (bueno no es que lo diga yo, es que lo dice la terapéutica oficial):

  1. Alejarte inmediatamente de la fuente de contaminación (es de sentido común)
  2. Tratamiento sintomático de todas las complicaciones que el plomo te haya causado
  3. Eliminación del plomo con un agente quelante. ¿Cuál usamos? Pues podemos emplear edetato de Na2- Ca, solo o en combinación con dimercaprol. Esta pauta se sigue de D-penicilamina (lo recordaréis como lo recuerdo yo para el tratamiento de la artritis). Como todos los medicamentos y drogas que metemos en el body para tratar algo, éste no está exento de riesgos: nos puede dar hipocalcemia a lo bestia

Así pues, imagínate ahora que estás en la tripulación de aquellos barcos. Que estáis perdidos en medio de la nada con vuestro barco atrapado por los hielo yéndose al fondo del mar. Que muchos compañeros tienen escorbuto, neumonías… qué se yo. Y que encima tú has comido lo que venía en la ración enlatada de ayer y empiezas a sentirte mal… Pues como que lo de buscar ayuda se complica ¿eh? Qué suerte tenemos de viajar en avión…

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El HMS Erebus atrapado en los hielos
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Una de las tumbas de la isla Beechey. Aún siguen allí
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