El rey que se mató comiendo

Muchos habéis protestado por la extensión de las entradas anteriores. Bueno, no mentiré, no son muchos porque este blog no lo lee ni Dios, pero de todas formas se me pide que abrevie… Por eso hoy traigo una historia ligerita; un aperitivo y nunca mejor dicho, dado que hablaremos de un rey tan glotón que murió mientras comía y comentaremos el por qué no hay que darse atracones…

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Aquí ya estaba fondón ¿eh?

Estamos en 1771 y Suecia es aún más grande de lo que es hoy (como podéis ver en el mapa)LocationSwedishEmpire. En el trono se sienta el débil monarca Adolfo Federico, y digo débil porque así lo consideraban sus propios súbditos. Adolfo tuvo que lidiar en un tiempo de reformas en su propio país, en el que el absolutismo moría pero quería mantenerse a través de su débil figura (no era más que una marioneta de los sectores más absolutistas de la nobleza). El propio Parlamento Sueco desacreditaba su poder, aprobando leyes aun cuando él estaba en contra. Pero la verdad es que no parecía mal tipo: trató siempre bien a sus sirvientes, protegió a su familia, amó y contribuyó al progreso del arte, incluso estableció una Ley de libertad de prensa bastante progresista para su época… Sin embargo su debilidad eran esos pequeños pecados de la carne: beber, dormir y comer. Comer muchísimo.

El rey tiene ahora 60 años y está bien alimentado, por no decir que está muy gordo. Por lo visto está un poco harto de toda la política, a él le gusta más el disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, cosas que le acabarán matando: las semlas. ¿Qué es una semla?

No soy gastrónomo ni repostero ni voy a dármelas de listo, así que voy a tirar de Wikipedia: son postres típicos de Escandinavia que están formados por pan hervido en leche relleno de crema y pasta de almendras y espolvoreados por encima con canela, siendo además acompañados de un buen tazón de leche. A Adolfo le chiflan estas cosas y el 12 de febrero de 1771 se dispone a comer opíparamente: de primero le ponen langosta, caviar y chucrut. De segundo un buen pescado ahumado. Todo ello regado con champán (no podría haberse conformado con un vasito de vino). Y para el postre… 14 porciones de Semla. Así, a saco. Y claro, empieza a sentirse francamente mal al poco de haber terminado de comer. Llaman inmediatamente al médico personal del monarca… Mal asunto, el rey ha comido demasiado, y eso sumado a lo gordo que estaba, hace que le cueste respirar… Tras horas de agonizar lentamente, el rey fallece. Destacar que esta historia no acaba bien para el Parlamento Sueco que siempre se había reído de él: después de su muerte su hijo, el príncipe Gustavo, se coronó como Gustavo III y demostró no ser nada débil como su padre: dio un golpe de Estado, convirtiéndose en monarca absoluto y mandó a la porra el Parlamento (eso sí, sin derramar ni una sola gota de sangre y demostrando ser luego más progresista que el propio Parlamento).

¿Por qué había muerto el buenazo del rey? ¿Puede una indigestión (o empacho hablando coloquialmente) matarte? La respuesta es sí, puede hacerlo. La indigestión se engloba en Medicina en un concepto bastante amplio que se denomina dispepsia (sí, lo sé, este término tiene unos matices bastantes más amplios que el de la indigestión propiamente dicho, pudiendo originarse una dispepsia incluso por tumores en el aparato digestivo, pero para el caso patatas). Este término comprendería un conjunto de síntomas que, según se cree, tienen su origen en el tracto digestivo superior. La dispepsia puede ser orgánica  (cuando encontramos el por qué se origina) o funcional (no tenemos ni idea de por qué el paciente tiene esos síntomas). ¿Qué síntomas son esos? Pues los que podría tener el pobre Adolfo Federico y los que podemos tener todos nosotros si en Navidad nos damos el atracón de nuestra vida: dolor epigástrico (entre el ombligo y la parte baja del esternón), ardor epigástrico (sientes un calor en esa zona, aparte del dolor), plenitud posprandial (sensación desagradable de presencia prolongada de comida en el estómago) y saciedad precoz (una sensación de que el estómago se llena demasiado pronto después de ingerir los alimentos y desproporcionada con la cantidad de comida que se está ingiriendo; amos, comer hasta que no llega un punto en que no puedes meter absolutamente nada más). ¿Quién nunca sintió estos síntomas al meterte un buen cachopo o al ir a por un 2×1 en el Pizzamovil? Para no alargar mucho este texto (porque de dispepsia: causas, diagnóstico y tratamiento, podríamos tirarnos hablando páginas y páginas) diré solamente que el rey falleció dado que estaba bastante gordo, y este atracón le impidió respirar correctamente (los pulmones vieron reducido su espacio para poder expandirse). Esto sumado a una cardiopatía del monarca hizo el resto… Y es que, aunque la dispepsia es una enfermedad crónica bastante frecuente en muchísimas personas dentro de la población general, que no repercute sobre la esperanza de vida, hay que tener cuidado (mucha gente es ingresada en los hospitales en Navidad por atracones)

Al final Adolfo Federico ha pasado a la Historia como “el rey que murió comiendo”, y así se le estudia en Suecia en las clases de historia. Un poco triste que sólo te recuerden por eso, y por pocas cosas más ¿no?

Y para terminar esta pequeñísima entrada, nos vamos a Francia, en épocas más anteriores. Estamos en el siglo XV y Carlos VII gobierna. Pasará a la historia con el nombre de Carlos el Victorioso (nombre que se dio a sí mismo una vez vencidos los ingleses en un hábil acto de prepotencia), pero lo cierto es que acabó pasando sus últimos días bastante mal… Éste es el caso contrario al anterior (ya podéis ir sospechando lo que pasó).

Öèôðîâàÿ ðåïðîäóêöèÿ íàõîäèòñÿ â èíòåðíåò-ìóçåå Gallerix.ru
Carlos VII “el Victorioso” (porque “el Guapo” no iba a ser ¿eh?

Carlos VII tuvo que lidiar con algo tan grave como fue una guerra que duró 116 años (es decir, la Guerra de los Cien años). Era un hombre retraído, de carácter débil y temperamento cambiante, aunque hay que señalar que lo hizo lo mejor que pudo, rodeándose de buenos consejeros, incluso recibiendo buenas críticas por parte de Juana de Arco (las dijo cuando la estaban interrogando antes de mandarla a la hoguera). Sin embargo, en sus últimos años de vida Carlos empezó a sentir mucho miedo: sus hermanos mayores habían muerto en extrañas circunstancias, su padre se había vuelto loco, su madre le había rechazado, vio el asesinato a base de hachazo de su tío Juan sin Miedo con sus propios ojos… Se convirtió en una persona solitaria y sin amigos (como yo, más o menos, además era más feo que un pecado cometido por Satán, así que creo que hay cierto paralelismo). Carlos empezó a tener miedo de la muerte, por lo que se negó a pisar estructuras de madera por miedo a que el piso entero cayese (puesto que una vez el derrumbe de un edificio le había pillado dentro de él), y empezó a sospechar que alguien podía envenenarlo… Como su locura fue en aumento, Carlos VII se negó a dar un bocado a todo alimento que le sirvieran, y se negó a lavarse la boca con cualquier líquido que le diesen… Posteriormente desarrolló un absceso (nunca quedó claro si fue un absceso o un tumor), así dejó de comer completamente y… Se murió de hambre. Así, tal cual. Como suena. Quizás está podría entrar en una de las muertes del programa mil maneras de morir, pero lo cierto es que lo más probable es que Carlos VII tuviese alguna enfermedad mental hacia el final de su vida, y reírse de los dementes nunca es un gesto educado…

Tenía pensado hablar un poco de qué es la desnutrición, pero considero más apropiado hablar de ello en una entrada mucha más extensa que esta (cuando hablemos de lo que le pasó a Irlanda en el siglo XIX), que a fin de cuenta sólo es un intermezzo entre cosas más serias y escrito en muy poco tiempo. Si no os ha gustado u os ha interesado… Lo entenderé. Pero no os quejaréis de la extensión, ¿verdad?

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