La Gran Hambruna Irlandesa (I)

“It is a nation of contradictions, sir. Consider this: Ireland is an island nation that has never developed a navy; a music-loving people who have produced only those harmless lilting ditties as their musical legacy; a bellicose people who have never known the sweet savor of victory in a single war; a Catholic country that has never produced a single doctor of the Church; a magnificently beautiful country, a country to inspire artists, but a country not yet immortalized in art; a philosophic people yet to produce a single philosopher of note; a sensual people who have never mastered the art of preparing food”

Como ya anuncié en el anterior post, hoy quiero extenderme sobre los efectos de la malnutrición en el organismo humano y, para ello, es bueno que lo introduzcamos a través de un evento tan conmovedor como es la Gran Hambruna Irlandesa. He querido dividir el texto en 2 partes, una se publicará hoy y otra… Pues cuando se pueda. Esta primera parte es completamente histórica, siendo la segunda más técnica, enfocada más a descubrir qué sufrieron aquellas pobres gentes. Aviso que el texto es largo, de modo que si te interesa poco todo este tema, deja de leer ahora mismo y haz otras cosas más placenteras (creo que el Rubius sube video hoy).

¿Y por qué has escogido este desastre histórico para hablarnos de esto? ¿No ha habido –y sigue habiendo por desgracia- más hambrunas en todo el planeta, incluso más graves? Es cierto, pero he escogido la Gran Hambruna Irlandesa porque es un evento bien documentado, bien contrastado, con unas grandísimas consecuencias no sólo en Irlanda, sino en muchísimos otros países. Además, se trata de una exposición de las grandes injusticias que el ser humano provoca a veces sobre otros congéneres, como pronto vamos a ver… Por otra parte, Irlanda es uno de los pocos países que he visitado en mi vida, y pude ver por mí mismo los monumentos que conmemoran todo aquello. Y, por último, Irlanda es un país que, por sus características, te atrapa, puesto que es una nación con una historia tan trágica y tan bella al mismo tiempo que no puedes sino interesarte en ella.

PARTE I – CONTEXTO HISTÓRICO

Empecemos nuestra larga exposición hablando un poco de nuestra protagonista… La patata. Creo que no somos conscientes de lo que ha significado para la historia de la humanidad esta planta, así que vamos a narrarla brevemente. La patata o Solanum tuberosum, es originaria de Sudamérica, concretamente proviene del altiplano andino (uno de los primeros sitios fue en la cuenca del lago que tiene ese nombre tan gracioso, Titicaca), y fue domesticada hace unos 8.000 años. Los incas fueron verdaderos maestros en su cultivo, y este tubérculo tenía mucha importancia dentro de su cultura, como bien señalan numerosas vasijas incas dedicadas al mismo. La patata cultivada fue vista por los españoles por primera vez en 1537 (así se destaca en la obra de Pedro Cieza de León Crónica del Perú). Al principio los españoles la llevaron a Europa como mera curiosidad; nadie imaginaba qué gran hallazgo habían descubierto… Las primeras patatas traídas del Nuevo Mundo se plantaron en Gran Canaria allá en 1560, y desde ahí se empezó a comerciar a Europa. Sin embargo fue Sevilla la que se convertiría en punto central del comercio precoz de este tubérculo…

NOTA 1: Sin embargo tuvieron que pasar generaciones para que el alimento se aposentase definitivamente en Europa. Veréis, por aquel entonces las gentes recelaban muy mucho de todo aquello que proviniese de América; había muchísimos prejuicios y trabas para que la población aceptase el cultivar estos productos. Además es un alimento que se saca de la tierra, y suele venir más sucio que el alma de un condenado, por lo que la gente no estaba muy por la labor (además, que salga de la tierra quiere decir que está más cerca del infierno que del cielo, y todos conocemos los prejuicios religiosos de la época). Se sabe de muchísimas tácticas de marketing que los monarcas y otros usaron para que a los campesinos ignorantes y recelosos les entrase en la mollera que tenían que comer aquello y no sólo dárselo a los animales: en Prusia, Federico II el Grande ordenó (así, directamente) que los campesinos la plantasen y se dejasen de historias. En Francia, cuenta una anécdota que Luis XIV, el rey Sol, tuvo que ser más ingenioso; mandó plantar patatas en un terreno de Versalles, y puso guardias para custodiar el huerto. La gente se acercaba curiosa y se preguntaban qué guardaría con tanto recelo el monarca. Un día el rey mandó que la guardia se retirase por la noche… Y los que se aventuraron a robar vieron que lo que el rey había estado protegiendo eran las condenadas patatas. Sin embargo, como el ser humano es idiota por naturaleza y siempre ha seguido modas, los pobretones se dijeron: si el rey, que es un tío muy guay, come esto, nosotros también. Y robaron plantas para poder cultivarlas ellos… Creo que será una anécdota más perteneciente al terreno de la fantasía que a la realidad, pero destaca bien lo difícil que fue introducirla en Europa. Además, lo que no es una fantasía es la lucha de Antoine Parmentiere (que a muchos le sonará su nombre por un plato francés) porque las patatas se introdujesen en la alimentación de la época. Le debemos bastante en nuestra alimentación actual a este naturalista francés.
The King everywhere, by Robert Wartmüller
El rey inspeccionando la cosecha de patatas. Para que veáis que le daban importancia

Para el siglo XVIII  toda Europa (o casi toda ella) ya plantaba patatas, y en muchos casos era el principal alimento de las familias campesinas. ¿Por qué tanto éxito y en tan poco tiempo? Bueno, todos somos conscientes que las patatas fritas son un rico alimento y muy adictivo (¿de qué otro modo podría haber yo engordado tanto?). Pero es que además proporcionan muchísimo valor energético (muchas kcal, de ahí el engorde) y son fáciles de cultivar. Hasta entonces la población europea se había alimentado de una dieta a base de cereales, que tienen un valor energético mucho menor (la carne entre los campesinos era un manjar que no podían permitirse todos los días, estando reservada para fiestas y días especiales). Los gobernantes de la época vieron que los campesinos pobretones podían tener un alimento fácil  de conseguir que, además, proporcionase más calorías (vamos, como la comida basura del McDonald’s, que también  contiene patatas en su menú), con lo que podían trabajar más y mejor (y morirse menos).

NOTA 2: El valor nutritivo de la pata depende muchísimo de su forma de cocinarla. Pero incluso hervida (que es como se tomaba en aquella época) 100g de patata contienen casi 80 kcal (muchísimas más kcal que unos pobres cereales), así como 19 g de almidón, 2,5 g de proteínas y sólo 0,1 g de grasas. Si es que lo que realmente engorda son los hidratos de carbono, una patata directamente nunca te va a aportar grasa…
NOTA 3: Como hemos dicho, la patata era el alimento del pobre; muchas veces la dieta de los campesinos dependía de estos tubérculos. Así vemos aquí  que el propio Van Gogh pintó lo que se consideraba la cena de una familia pobre de la época. El cuadro se tituló, en un ataque de originalidad galopante, Los comedores de patatas (1885). En palabras del propio autor: “He querido poner conscientemente de relieve la idea de que esa gente que, a la luz de la lámpara come patatas sirviéndose del plato con los dedos, trabajó asimismo la tierra en la cual las patatas han crecido; este cuadro, por tanto, evoca el trabajo manual y sugiere que esos campesinos merecen comer lo que honestamente se han ganado. He querido que haga pensar en un modo de vivir muy diferente al nuestro. Así pues, no deseo en lo más mínimo que nadie lo encuentre ni siquiera bonito ni bueno”. 
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La comida de los pobres
NOTA CINEMATOGRÁFICA 1: El valor de las patatas para la supervivencia del hombre lo hemos visto recientemente en el cine en la película The Martian (2015). Es cierto que la patata puede crecer fácilmente en muchísimas zonas, incluso en Marte, dada la facilidad de su cultivo. Pero, lamentablemente, Matt Damon no lograría sobrevivir mucho tiempo alimentándose sólo de patatas; éstas no aportan los complejos vitamínicos suficientes, así que al cabo de un tiempo el astronauta  hubiese sufrido síntomas por los déficits de vitamina A y B12.
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Matt Damon: “Moza, tengo tierras”

Y esto nos lleva a Irlanda. Adelantados a toda Europa los irlandeses ya a principios del siglo XVII suponían que este alimento era lo mejorcito para su región. Irlanda es una isla bastante mala para la agricultura, de hecho por eso mismo se ha visto muchísimas veces afectada por la pobreza más extrema, dado que no era un buen sitio para cultivar algo y comerciar con ello. Sin embargo este cultivo no necesitaba de técnicas especiales, los animales no podían estropearlo (dado que estos manjares se encuentran bajo tierra), y se obtiene mucho mejor rendimiento por hectárea cultivada que los cereales. Por eso rápidamente se convirtió casi en el ÚNICO (y destaco lo de único porque es importante) alimento que comían los campesinos de Irlanda. Y aquí empezaron los problemas…

En 1801 Irlanda pasa, con las Actas de Unión, a ser parte de Reino Unido, siendo el máximo mandatario el Lord Teniente y Secretario Jefe de Irlanda, un hombre respaldado por el gobierno británico. Irlanda era, en realidad, como una colonia más de los británicos. Los irlandeses podían elegir a unos 105 miembros para el parlamento británico, y lo curioso es que en el siglo XIX casi siempre eran elegidos hombres poderosos: los terratenientes. Muchísimos de estos terratenientes eran personas de origen británico o directamente británicas que controlaban gigantescas extensiones de terreno, las cuales eran cultivadas por familias campesinas irlandesas muy pero que muy pobres. En los siguientes 40 años que siguieron a la unión, se vio pronto que el gobierno británico se desentendía de los problemas de la población irlandesa; uno de los más acuciantes era la sobrepoblación. Irlanda crecía a un ritmo desenfrenado probablemente gracias al cambio de dieta de los cereales por las patatas (aunque tampoco es que sobrase alimento). Por otra parte había un desempleo gigantesco y las condiciones de vida eran muy duras. Sin embargo, como digo, la población creció (como dirían algunos políticos que yo me sé: más allá de sus posibilidades) y nadie hizo absolutamente nada.

Asimismo hemos de destacar el conflicto religioso que siempre se dio (y se da actualmente, aunque con tintes menos dramáticos) en la pequeña isla. Los protestantes ingleses, los más ricos del lugar, siempre fueron muy cabrones (porque la palabra es esa, cabrones) con los católicos irlandeses, normalmente las clases más bajas. Desde Oliver Cromwell (del que no se tiene buen recuerdo en el país debido a las matanzas que provocó) pasando por todo el siglo XVIII; en aquella época los católicos irlandeses tenían prohibido  comprar o  alquilar tierras, votar, ocupar cargos políticos, casarse con protestantes, hacer iglesias de piedra en sitios visibles o incluso vivir a 8 km de una ciudad corporativa. De hecho, su educación se vio restringida, no pudiendo acceder a las principales universidades del país en Dublín. En parte se había conseguido reformas más beneficiosas para los irlandeses a principios del siglo XIX, pero no os penséis que la cosa iba muy allá: ahora la tierra pasaba a manos de un terrateniente (que ya hemos dicho que casi siempre eran familias ricas británicas que habían comprado tierras en Irlanda y que casi nunca visitaban, de hecho se les llamaba absentee landlords; propietarios ausentes), y éstos alquilaban tierras a los campesinos. Ello originaba un ingreso regular a los propietarios de la tierra, mientras que los irlandeses dependían de sus cosechas para poder sobrevivir. Además el propietario exigía a los campesinos que cultivasen cereales (que no patatas) en sus tierras, que posteriormente eran vendidos por él en Inglaterra. Dicho de otro modo, los irlandeses tenían que trabajar para el señor británico cosechando cereales que él luego vendía, y trabajar también en pequeños campos alquilados a ese mismo señor para cosechar sus propias patatas, que era casi únicamente lo que comían (el cereal tenían prohibido comerlo).

NOTA 4: Unas palabras de una comisión que en 1845 investigaba los posibles descontentos de la población irlandesa dice así: “sería imposible describir adecuadamente las privaciones que  [los irlandeses trabajadores y sus familias] habitualmente y en silencio soportan… En muchos distritos su único alimento es la patata y su única bebida es agua… Sus casas son rara vez una protección contra el tiempo. Una cama o una manta es un lujo poco común. Y casi siempre un cerdo y un montón de estiércol constituyen su única propiedad [recuerda que la tierra que pisaban no era suya por ley]”. Ni siquiera esto era feudalismo; en el feudalismo al menos habría una lealtad hereditaria o un lazo feudal entre el señor que habría heredado las tierras y sus vasallos, a los que debería proteger (no, no estoy ensalzando el feudalismo). Este era el capitalismo más chungo, en el que un burgués compraba una tierra y hacía que rindiese beneficios costase lo que costase. Además los ingleses siempre vieron Irlanda como una colonia, una tierra conquistada que no merecía compasión dada la rebeldía de la población local. Tal vez por eso procuraban no ir desde Inglaterra a revisar sus tierras mientras éstas diesen sus beneficios, por miedo a un posible ataque por parte de los campesinos que trabajaban para ellos.
Friederich Engels en un viaje a Irlanda escribió a su amigo Carlitos contándole la terrible situación de los campesinos en una carta (podéis leer parte de la carta aquí), de la que yo traduzco un poquitín: “La historia de Irlanda le muestra a uno qué desgracia es para un pueblo ser subyugado por otra nación; todas las abominaciones británicas se centran en el pueblo irlandés. […] Las peores viviendas son lo suficientemente buenos para ellos [los irlandeses]; su ropa les causa pocos problemas, siempre y cuando se mantenga unida por un solo hilo; zapatos que no sirven; sus alimentos consisten en patatas y sólo patatas; lo que ganan más allá de estas necesidades lo gastan en la bebida. […] La falta de limpieza, que es una segunda naturaleza del irlandés, se convierte en aterradora y gravemente peligrosa por la concentración aquí en las grandes ciudades… El irlandés se construye una pocilga contra la pared de la casa en la ciudad como lo hizo en el campo, y si la autoridad se lo permite, deja que el cerdo duerma en la habitación con él […]”

Creo que hemos dejado el terreno listo para ver el desastre que vino a continuación. Estamos en 1841 e Irlanda cuenta con una población  de 8 millones de habitantes (muchos más de los que tiene actualmente), siendo 1 millón campesinos y otros 2 millones de habitantes dependientes de la labor de los mismos. El desastre que vino se denominaba Phytophtora infestans, un hongo que produce una enfermedad en las plantas que se conoce como tizón tardío o mildiu de la patata.

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Así quedan las patatas por culpa del hongo

Se cree que este hongo fue traído en barcos cargados con guano desde Perú y EEUU (Nueva York y Baltimore), arribando en diferentes puertos como el de Dublín. Este parásito atacó con bastante fiereza en Irlanda dada la escasa variedad que había en la isla (apenas había sólo 2 variedades de patatas cultivadas, que además nunca habían sido expuestas al hongo, por lo que carecían de defensas). Por eso, aunque la enfermedad se extendió a muchas regiones de Europa y América, Irlanda se vio seriamente afectada y la mitad de todas las muertes se produjeron aquí (pero hubo problemas también en Bélgica e incluso España).

NOTA 5: debemos agradecer que hoy nuestra dieta no dependa de un único alimento, y menos aún de la patata, dado que el condenado parásito sigue, de vez en cuando, provocando plagas en todo el planeta. Asimismo, debemos agradecer los enormes esfuerzos del MIT y la Universidad de Harvard, ya que pudieron secuenciar el genoma del hongo en 2009, lo que abre las puertas a nuevos campos para poder combatir el hongo de una manera más eficaz, ecológica y sostenible.

16 de agosto de 1845. En la isla de Wight los campesinos están atónitos: en pocos días han visto que toda la cosecha de patatas ha quedado arruinada. La noticia se publica en el periódico, y días después por toda la isla irlandesa la gente atiende impasible a lo que sucede: sus plantas, su sustento, enferma y muere sin que los campesinos puedan hacer nada. En el norte la situación es caótica y llaman incluso cólera de la patata a esta enfermedad, en analogía con la enfermedad humana.

El primer ministro británico Sir Robert Peel escribió a un ministro de su gobierno, Sir James Graham, a mediados de octubre y le comunicó que se había encontrado con informes “muy alarmantes” (como para no), pero también le recordó que “siempre una tendencia a la exageración en las noticias referentes a Irlanda” (me temo que estaba bastante equivocado). Las primeras víctimas del hambre tardaron un año en aparecer; en otoño de 1846 se reportan en los periódicos los primeros campesinos muertos en la Irlanda rural. Pero lo peor se lo llevaría 1848, cuando una malísima cosecha y el arrastre de varios años de escasez empezaron a provocar la muerte de familias enteras que no tenían nada que llevarse a la boca. Como hemos señalado, 3 millones de irlandeses dependían de la patata para poder sobrevivir. Así que imaginad la situación…

¿Y nadie hizo nada? ¿Qué hicieron las autoridades británicas? Alguno intentó arreglar algo la situación. Desde Dublín enviaban informes a la reina, desde Belfast lo mismo. Le rogaban que el Parlamento británico hiciese algo (por aquel entonces ni siquiera se habían tomado la molestia de reunirse para tratar el problema), pero al principio se lo pasaron un poco por el forro. Lo más fastidioso y que más encabrona de toda esta historia es… Que a los cereales no les había pasado absolutamente nada. Esta enfermedad ataca a las patatas, y el maíz, por ejemplo, ni lo huele. De modo que había terrenos que por un lado tenían una desastrosa plantación de patatas en las que las plantas estaban podridas o no crecía nada, y por otro lado (las tierras para el maíz y otros cereales que el terrateniente británico vendía) que resplandecían  de lo bonitas que estaban. Y es que los campesinos no tenían para comer, pero se les exigía seguir cultivando las tierras de cereales o serían expulsados de sus casas…

Por otra parte y debido a una política económica proteccionista, Reino Unido no abría los puertos a la entrada de grano del exterior porque eso supondría un golpe para la economía, y los ricos terratenientes de Inglaterra no estaban dispuestos a que sus cereales tuviesen que competir con otros productos venidos de fuera.

En estas estamos, y las autoridades decidieron ir a hablar con el Lord Teniente de Irlanda, máxima autoridad, para que hiciese algo… ¿Respuesta? Que no se alarmasen, que los científicos estaban tomando medidas, que la situación estaba siendo exagerada. Encima, los pocos irlandeses poderosos que tenían voz para poder protestar, como John Mitchel, fueron tildados de independentistas (puesto que algunos aseguraban que de haber tenido un parlamento propio que velase por los intereses del país, no se habría llegado a esa situación). Las autoridades, por diversas causas, hicieron oídos sordos a todas las quejas que se alzaban desde el campo irlandés. Y sea como fuere, las medidas que se tomaron (algunas incluso fueron hechas con buen juicio) llegaron demasiado tarde, o con muy poca intensidad, no pudiendo parar la pobreza y el hambre que llevaba años gestándose.

NOTA 6: para que veamos lo que se decía en los periódicos de la época, John Mitchel escribió: “la gente de Irlanda intentan vencer el hambre día tras días, y atribuyen sus males no al poder del Cielo, sino a la política cruel de Inglaterra […] Tienen que ver cómo en el puerto barcos cargados con el maíz que sus propias manos han cultivado, zarpan hacia Inglaterra para ser vendidos allí”. Incluso en los peores momentos de hambruna Irlanda tuvo que seguir exportando alimentos. En hambrunas previas, en el siglo XVIII, los puertos de Irlanda se habían cerrado… A las exportaciones, lógicamente, para que quedase comida en el país que pudiese hacer que los precios bajasen y así los campesinos poder comer. Aquí la situación era a la inversa, como ya he señalado, fueron las importaciones lo que se bloqueó, mientras que las exportaciones eran cumplidas a rajatabla por orden del terrateniente, se estuviera o no muriendo la familia de campesinos que tenía que cultivar el maíz. Como destaca el economista Cormac O’Grada: “A pesar de que el cultivo de patata fracasó, el país seguía produciendo y exportando una cantidad más que suficiente de cereales para alimentar a la población. Pero eso era una “cosecha de dinero” [para los británicos] y no era entendida como  “cultivo alimentario”, por lo que no podía ser interferida”.  Incluso algunos académicos hablan de que mientras morían medio millón de irlandeses en 1847, se seguía llevando animales de granja, mantequilla, habas, cebollas, conejos, guisante, ostras, arenques y un larguísimo etc. a Inglaterra para ser vendidos allí.

Al final, el problema no fue que hubiese falta de alimentos (que la había, pero no para causar tantas muertes), sino que el precio era demasiado caro como para que familias campesinas pudieran comprar nada (y más cuando ni siquiera tenían su sustento de patatas diario). ¿Y es que ninguno se le cruzó la pinza e intentó robar los alimentos a los británicos? Jé, claro que sí. Pero es que todas estas exportaciones estaban custodiadas militarmente por el ejército británico, mientras que los irlandeses carecían de ejército o tropas formadas. Incluso hasta 1793 los irlandeses católicos tenían prohibido llevar armas, de modo que no había muchas armas de fuego en el campo que se pudieran usar.

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Grabado de una madre irlandesa y sus niños. 1849

Por si fuera poco, pronto empezaron los embargos y las expulsiones de los campesinos más pobres que no podían pagar el alquiler, así que imaginad por un momento la situación: eres un campesino que se ha matado a trabajar toda su vida en una tierra que no te pertenece, y vives en una casa por la que has de pagar una renta. Las cosechas van fatal para ti y de repente te encuentras con que te estás muriendo de hambre porque tu único alimento se ha perdido por completo. No tienes dinero para mucho más… Y viene la policía para desalojarte de allí a patadas  porque no pagas el alquiler, así que tienes que hacer las maletas (con las escasas pertenencias que tengas) y marcharte de allí con tu familia sin saber muy bien a dónde ir. Empezáis una larga caminata hasta la ciudad más cercana (como Dublín, Galway o Cork, las únicas zonas que por aquel entonces incrementaron su población) y vas comprobando como los primeros en morir son los hijos o los ancianos (hay relatos de cómo la gente que venía de los pueblos en un interminable éxodo rural, desfallecía y moría en la entrada de las ciudades al no poder dar un paso más, quedando sus cuerpos a las orillas de los caminos). ¿Qué te parece? Fatal ¿verdad? Pues habrías recibido una bonita clase práctica de capitalismo salvaje…

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“A la p*** calle” en 1876
NOTA 7: una descripción de lo que estaba ocurriendo nos la regala en 1847 el obispo Thomas Nulty, quien narra cómo eran los desalojos de las casas de los campesinos que no podían pagarle al terrateniente: “Setecientos seres humanos fueron desalojados de sus hogares en un día y dejados a la deriva en el mundo, para satisfacer el capricho de alguien […] Las crudas escenas de las que por entonces fui testigo, debo recordarlas toda mi vida. El llanto de las mujeres; los gritos, el terror, la consternación de los niños; la agonía sin palabras de los hombres honrados y trabajadores; todo ello provocaba lágrimas de dolor en todos aquellos que éramos testigos del desalojo. Vi a oficiales y hombres de la fuerza de policía, que se vieron obligados a asistir en la ocasión para ejecutar el desalojo, llorar como niños ante la contemplación los crueles sufrimientos de las mismas personas a las que estaban obligados a expulsar. Los propietarios de aquellas tierras en un amplio radio a su alrededor – y por muchas millas en todas las direcciones – advirtieron a sus arrendatarios, con amenazas de su venganza directa, de que no ofreciesen alojo ni ayuda humanitaria a aquellos setecientos que estaban expulsando… Y así en poco más de tres años, casi una cuarta parte de aquellos desafortunados estaba ya en la tumba”.  

¿Y cuántas víctimas hubo? ¿Cómo quedó Irlanda después de esto? Pues no muy bien, como podéis comprender. Con un país lleno de muertos es fácil pensar que la isla se fue al garete. Lo cierto es que la hambruna ha significado bastante para Irlanda, marcando un antes y un después en su historia, como ahora mismo veremos. Aunque hay cierta discusión en torno a las cifras (algunos hablan de más, otros de menos, otros incluso hablan de Genocidio de irlandeses por los británicos), lo  cierto es que la isla quedó diezmada y hecha unos zorros.  Para hacernos una idea, un censo de 1841 decía que Irlanda contaba con una población aproximada de 8.175.124 millones de habitantes. Diez años después, en 1851, un nuevo censo realizado después de que más o menos hubiese pasado lo peor de la hambruna arroja una cifra de 6.552.385. Es obvio que ese millón y medio de personas que faltan no iba a ser todo por el hambre, sino que la emigración también cuenta bastante. De ahí que sea difícil saber cuántos murieron por hambre y enfermedad (ese es el problema, las múltiples enfermedades que se pueden cebar con la población cuando esta se encuentra desnutrida y baja en defensas) y cuántos se marcharon cagando leches de allí; pero tened una cosa en cuenta, las estimaciones decían que para 1851 la población de Irlanda tendría que haber alcanzado los 9 millones de habitantes, dado el ritmo frenético que llevaba. No sólo no se alcanzó, sino que la hambruna golpeó tan fuerte a Irlanda que los efectos se siguen viendo hoy día: como veis en la gráfica, Irlanda tiene actualmente menos habitantes de los que tenía antes de la hambruna, hace ya 150 años. Nunca se ha podido recuperar la población para llegar a ese cénit de nuevo.

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En verde se ve claramente cuándo empezó la hambruna ¿eh?

Como ya dije al principio de la entrada, esto no sólo tuvo consecuencias para Irlanda, sino para muchos otros países. El país que más se vio influenciado por esta hambruna fue aquel que más inmigrantes irlandeses tuvo que acoger; EEUU. A este episodio se le conoce como Diáspora Irlandesa y, aunque poco tenga que ver con la hambruna y con lo que veremos en el siguiente apartado, quería destacar alguna cosilla de él dada su importancia.

Aunque Irlanda tenga 6 millones de habitantes en total, los descendientes de irlandeses son muchos más. Sólo en EEUU hay unos 36 millones de descendientes. Ya había inmigración antes de la Gran Hambruna; Irlanda ya había perdido un millón de habitantes en los siglos previos a este período, y sin embargo siguió creciendo. Los inmigrantes seleccionaban casi siempre el EEUU como destino, pero se repartieron por todo el Globo: Canadá, Australia, Reino Unido, Argentina, incluso a España (este último en menor medida, claro está). En términos generales, a lo largo del siglo XIX EEUU acogió a casi 5 millones de irlandeses, lo que para la época es una movilización brutal (de hecho en ciudades como Nueva York había más irlandeses que en la propia Dublín). Sin embargo, los irlandeses no fueron bien acogidos, recibiendo muchísimo rechazo por parte de otros inmigrantes que ya se habían asentado allí. Hubo muchísimas tensiones entre los americanos, muchísimos de ellos protestantes, y los recién llegados irlandeses católicos.

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Escenas parecidas se vieron en todos los puertos de Irlanda

Por otra parte, los irlandeses que llegaron en pleno periodo de la Gran Hambruna se encontraron con otro problemón al sitio en el que desembarcaban: la Guerra Civil Estadounidense. Muchísimos de ellos fueron usados como carne de cañón para luchar por un país al que acababan de llegar. Imaginaos la situación; estáis huyendo del hambre en vuestro país, os meten en un barco en muy malas condiciones (los llamaban coffin ships y eran famosos por ser un  centro de propagación de enfermedades), que, si no se hunde en medio del Atlántico, consigue llegar a Nueva York, Boston o Baltimore. Allí os bajáis, sois recibidos en medio de una oleada de racismo e insultos… Y os enrolan a la fuerza para luchar por la Unión. Y al final morís en algún lejano lugar de Carolina del Sur, que no sabéis ni dónde demonios queda.

No sé vosotros pero a mi toda esta historia me suena a la actual crisis de refugiados. Para que veáis que hay cosas que no cambian; que estas historias tan trágicas se van repitiendo a lo largo de la historia con distintos protagonistas, pero siempre con el mismo trasfondo, y, lamentablemente, casi siempre con el mismo resultado.

A pesar de tenerlo todo en contra, los irlandeses lucharon por hacerse un hueco en el Nuevo Mundo. Hubo condiciones de toda clase, siendo famosísimas las bandas de gángsteres irlandeses en Boston (la ciudad que más inmigrantes acogió y de la que queda muchísima herencia irlandesa, como su espectacular desfile de San Patricio), Nueva York o Filadelfia. Pero también prosperaron en la erudición, la música, el cine, la ciencia y un larguísimo etcétera. La lista es interminable, pero creo que es de destacar a John Fitzgerald Kennedy, 35º presidente de Estados Unidos y único presidente católico, cuyo tatarabuelo Patrick Kennedy llegó en uno de esos barcos infestados de ratas en 1848 a Boston huyendo del hambre. Hay muchos otros presidentes con sangre irlandesa; y muchísimas personalidades descendientes de aquellos inmigrantes que llegaron escapando de las pésimas condiciones de su patria. La lista os la dejo aquí,  pero destacar que están en ella personas como John Ford, Walt Disney o Francis Scott Fitzgerald.

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Monumento en recuerdo de la Gran Hambruna en Filadelfia (EEUU)

Como podemos suponer, este desastre condicionó para siempre la historia de Irlanda. En pocas décadas acabaron  consiguiendo la independencia, aunque no unificar toda la isla, pero ese ya es otro tema. Y como vemos, la historia acabó con millones de irlandeses repartidos por todas partes, ocupando en muchos casos cargos de poder e interviniendo en la historia de los países a los que llegaron.

NOTA CINEMATOGRÁFICA 2: Martin Scorsese ha dirigido 2 películas en las que los irlandeses son los protagonistas centrales. En The Departed (2006), el criminal irlandés Frank Costello dice: “No quiero verme condicionado por mi entorno. Quiero que mi entorno se vea condicionado por mí. Hace años teníamos la Iglesia, que no era más que una forma de decir que sólo nos teníamos los unos a los otros. Los Caballeros de Colón eran auténticas bestias, espagueti de pura cepa, se hicieron con su parte de la ciudad. Veinte años después de que un irlandés no consiguiera un puto trabajo tuvimos la presidencia [Se refiere obviamente a Kennedy], que en paz descanse. Eso es lo que los negros no entienden. Si tengo algo en contra de la gente de color es eso: nadie te da nada, tienes que cogerlo”. En la otra película, Gangs of New York (2002), Scorsese hace referencia a todos los problemas que tenían los irlandeses para hacerse un sitio en la Nueva York del siglo XIX. De hecho hay un plano secuencia muy curioso que es cuando los inmigrantes irlandeses arriban al puerto de Nueva York, son recibidos con insultos por inmigrantes de otras naciones que se hacían llamar nativos, se les enrola a la fuerza, les ponen uniformes de la Unión y los suben a un barco que está descargando ataúdes que transportaba con los irlandeses que habían muerto en la guerra civil. La película a mí no me gustó mucho, pero creo que viene bien si alguien está interesado en lo que pasó con aquellas gentes que llegaban en busca de oportunidades a una tierra que no es, desde luego, la tierra de las oportunidades.
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Quema de una iglesia católica irlandesa en Nueva York. Racismo y anticatolicismo en una sola imagen
4GqXhZhNOTA CINEMATOGRÁFICA 3: No he descubierto muchas películas que tengan como motivo principal la Gran Hambruna Irlandesa. Solamente he encontrado que este año se estrenará una película llamada Famine, que irá sobre la ayuda otomana a Irlanda. Y otra película estadounidense de los años 30 que no me he visto ni creo que la vea. Pero sí señalar que Irlanda tiene, a pesar de lo pequeño que es el país, una bonita industria cinematográfica que ha dado bastantes buenas películas (En el nombre del padre, Omagh, Hunger, Mi pie izquierdo, El viento que agita la cebada, Calvary, Juego de lágrimas o la que estuvo nominada al Óscar este año, La habitación). Muchos dicen que ha persistido un carácter o un estereotipo de pesimismo o resignación tanto en la literatura como el cine que haga referencia a Irlanda (además de otro estereotipo que es decir que están obsesionados con las patatas). Como podéis ver en la imagen, esta sería la copia irlandesa de Krusty el Payaso. Su chiste dice: “mi madre tuvo 12 hijos pero sólo 3 sobrevivieron. Después… Cerraron el molino. Hey hey”. Deprimente a la par que gracioso.
 NOTA CINEMATOGRÁFICA 4: Hablaría de la serie Peaky Blinders (2013) la cual creo que hace referencias a irlandeses o qué se yo, porque como no la he visto no puedo decir nada. Seguro que me olvido un millón de películas que hablen de mafia irlandesa en EEUU (Muerte entre las flores (1990), por ejemplo) o en RU, pero creo que es mejor abreviar…

CONCLUSIÓN

Irlanda es un bello país con una triste historia detrás suyo. Creo que tiene consonancia con nuestro país; España e Irlanda comparten más lazos de los que pueden aparecer a primera vista. Hubo siempre bastante buenas relaciones por un odio común hacia el enemigo británico, por compartir una misma religión y, quizás, por un sentimiento de ambos de haberlo pasado realmente mal (recordad que nuestro siglo XIX también es para desesperarse). Curiosamente, el presente también nos trae consonancias; la crisis ha golpeado fuertemente a los dos países, y hablando sobre política local con algún joven dublinés descubres que ellos también odian, como aquí, a su clase política. Y es que el poeta Jaime Gil de Biedma se equivocó cuando dijo que “de todas las historias de la Historia sin duda la más triste es la de España”. Erró de lo que solemos errar todos; falta de perspectiva: hay infinidad de pueblos y naciones que comparten destinos, pasándolo mal, y sus historias no hacen sino empeorar…

Por otra parte destacar que, a pesar de ser un país con 4 millones de habitantes (la mitad de Andalucía) y todo lo que han arrastrado a lo largo de estos siglos , han dado al mundo multitud de personajes ilustres: desde escritores como Jonathan Swift, James Joyce y Oscar Wilde (y algún premio Nobel en Literatura como Yeats o Beckett), pasando por actores (Brendan Gleeson, Liam Nesson, Gabriel Byrne o Peter O’Toole), actrices (destaco a la hermosísima Maureen O’Hara, fallecida recientemente y que todos recordamos por aquella película con John Wayne El hombre tranquilo (1952)) hasta científicos (el último premio Nobel en Medicina, pese a trabajar en USA, es irlandés y se formó en su país de origen: William Campbell).

Daría lo que fuese por volver allí de nuevo (sobre todo por la Guinness). Aún recuerdo lo bien que lo pasé durante un breve tiempo caminando por las calles de ese Dublín moderno que poco o nada tiene que ver con ese turbio pasado… Aunque, evidentemente, hay muchos monumentos en memoria de toda aquella tragedia que el ojo de un buen turista puede ver. Iba a poner alguna foto mía en alguno de esos monumentos, pero creo que mi careto desentonaría con la idea de solemnidad que quieren mostrar, así que con esta imagen de un monumento de Dublín en recuerdo y memoria de aquellos millones de muertos por un desastre ecológico y humanitario me despido por hoy. Que os sea leve y ya sabéis, no desperdiciéis nunca comida, aunque sólo sea en honor de aquellos miles que lo habían perdido todo y a los que nadie les echó una mano…

Famine_memorial_dublin
Monumento en la orilla del río Liffey en Dublín

Y con esto termino la primera parte. La verdad es que iba a ponerlo todo en un mismo bloque, pero me hubiese quedado todo más largo que un día sin pan y sé que no es cómodo leerlo así. De modo que hablaremos de malnutrición y sus efectos, así como de las enfermedades infecciosas que suelen acompañarla, para otro momento… Espero que esa segunda parte sea, al menos, un poco más interesante que esta…

 

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2 thoughts on “La Gran Hambruna Irlandesa (I)

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