Un viaje para salvar vidas

¡Cuánto tiempo hacía que no escribía en este blog! Al lector le pido disculpas, pero he estado bastante ocupado, y lo primero es lo primero. Hoy tengo un poco de tiempo libre y he decidido invertirlo en esto, en vez de invertirlo en cosas más ligeras, así que espero que la lectura sea amena y no esté escribiendo esto en vano…

Antes de que nadie diga nada; sí, sé que tocaba hablar de la hambruna relacionándolo con el post anterior de Irlanda, pero creo que es mejor desarrollarlo en otro momento… Hoy hablaremos de un viaje, una increíble aventura con unos propósitos bastante alejados de las expediciones de la época en la que se desarrolla. Es una expedición de tintes épicos y humanitarios, a manos de un médico español nacido en Alicante, Xavier Balmis (a algunos ya les sonará el nombre), quien, junto a sus hombres, se jugó el tipo para poder llevar la vacuna de la viruela a todo el imperio español.

Una historia que demuestra, pese a quien quiera decir lo contrario, que no todo era una carnicería por parte de la corona española a los habitantes del Nuevo Mundo, y que incluso hubo españoles que se preocuparon por las gentes de los vastos territorios americanos y asiáticos. No seré yo quien defienda a los monarcas de por aquel entonces, mucho menos a ciertos aventureros que llegaron buscando oro y sólo oro. Pero creo que la historia es a veces injusta, y tendemos a recordar más a Pizarro y sus asesinatos (tanto para repudiarlo como para montarle una estatua en Trujillo) y nos olvidamos de los esfuerzos de algunos valientes para hacer del mundo un lugar un poco mejor que el día de ayer. Así que con el fin de enmendar un poco esta falta de perspectiva, vamos a hablar de estos hombres y su hazaña.

INTRODUCCIÓN

16 de septiembre de 1805, Macao. Un hombre maduro y con facciones extranjeras logra alcanzar la costa de la pequeña colonia portuguesa tras burlar a la muerte. Su estado debía de ser lastimoso ya que había llegado hasta allí en un pequeño junco chino después de que un tifón hubiese derribado la fragata portuguesa en la que viajaba. El hombre no había llegado sólo, venía acompañado con tres niños chinos a los que cuidaba como si fuesen un tesoro. Este hombre se llamaba Xavier Balmis y ya hacía 2 años que había salido desde La Coruña en dirección hacia la otra punta del orbe con la intención de realizar una hazaña que sentaría las bases de lo que hoy se considera uno de los mayores triunfos de la historia de la Humanidad: la erradicación de la viruela, cuando la mano del hombre fue más fuerte que el puño de Dios.

Creo que lo mejor es comentar un poco el contexto inicial para poder entender el por qué del viaje. En primer lugar, ¿qué es la viruela? En pocas palabras, un marrón de los gordos… Era (y afortunadamente podemos decir era) una enfermedad infecciosa bastante contagiosa provocada por el virus Variola virus. No quiero ponerme muy técnico, pero sería bueno comentar un poco el cuadro clínico que provoca:

Señalar que la viruela se propaga mediante gotas de saliva, aunque también cabe la posibilidad de contagiarla por fómites (sábanas y ropa) o por el contacto con las erupciones que la enfermedad origina en la piel. Es más contagiosa durante la primera semana de infección y puede seguir siendo contagiosa hasta que se caigan las costras cutáneas. En líneas generales diremos que habrá varias fases de la infección: un periodo de incubación (en el que no se es contagioso) que dura unos 12 días. A continuación vendrían unos síntomas iniciales prodrómicos (como fiebre alta, malestar general, cefaleas, mialgias) que duran 2 a 4 días. Después el paciente sufrirá una primera erupción que se iniciaría en la lengua y en la mucosa bucal. Esta erupción se compone de máculas (como manchas de un color diferente a la tonalidad normal). También aparecerán esas máculas en la piel de forma que comienza en la cara y se extiende a brazos, piernas… Todo en un tiempo récord de 24 horitas. Estas máculas al cabo de unos días se convierten en pápulas, las cuales se llenarán de un líquido opalescente y pasarán a denominarse vesículas, que estarán umbilicadas (deprimidas en el centro). En esta fase la persona infectada es contagiosa a más no poder (sobre todo si tocamos su piel o tenemos contacto con su saliva), pero, curiosamente, el paciente se siente mejor y la fiebre habrá disminuido. Pero pasados unos días la fiebre vuelve a subir y el líquido acaba por tornarse turbio y opaco (que parece pus pero no lo es). Las vesículas se convertirán en pústulas pasado ese tiempo y empiezan a molestar al enfermo. Las pústulas duran 5 días y acaban transformándose en costras, que en las semanas siguiente irán desapareciendo y la persona dejará de ser contagiosa, aunque nunca es cien por cien seguro que haya dejado de serlo. Una vez caídas las costras pueden quedar unas cicatrices despigmentadas características.

NOTA HISTÓRICA 1: estas cicatrices podían dejar marcada de por vida a la persona que hubiese sufrido la viruela, cosa que le pasó a la pobre Ana de Clèveris. Ana era una noble alemana del siglo XVI que en su juventud padeció la enfermedad, y, aunque sobrevivió, le quedó el rostro lleno de cicatrices. Por aquel entonces el rechoncho rey inglés Enrique VIII buscaba una nueva esposa después de haber repudiado a una, haber hecho que le cortasen la cabeza a otra y perder a la última. Han Holbein el Joven fue el pintor responsable de retratar a Ana y a su hermana para presentarle los cuadros al inglés y que él decidiese con quién se casaba… Ana nunca fue guapa, pero es que además con la enfermedad empeoró, por lo que el artista decidió obviar todas las cicatrices de la cara y pintó un cuadro que no reflejaba la realidad para nada… Imaginad la cara de Enrique VIII cuando, ansioso por conocer a su prometida, la vio desembarcar en Rochester. Según textos de la época, simplemente dijo: “no es en absoluto tan bella como me habían contado”, aunque probablemente pensó algo más. Esta era su cuarta esposa y el compromiso de matrimonio era imposible anularlo sin que los alemanes se quejaran, por lo que la pobre Ana tuvo que vivir el resto de su matrimonio (unos 6 meses hasta que llegó la anulación) alejada de la cama de su marido, quien se fijó en otras mujeres muy pronto (aunque se sabe que nunca trató mal a la alemana y recompensó el que accediera a la anulación del matrimonio con tierras y riquezas).
800px-Child_with_Smallpox_Bangladesh
Bangladesh, 1973. Famosísima fotografía que demuestra las erupciones típicas

Este sería el proceso habitual, y con él habría una mortalidad de un 30% aproximadamente (aunque en algunos casos llegó al 60%). A este proceso se le denomina viruela ordinaria, en la que la muerte ocurre generalmente entre los días décimo y decimosexto de la enfermedad. La causa de la muerte en estos casos ordinarios no está clara, pero se sabe que en la infección se afectan múltiples órganos bien por la formación de inmunocomplejos circulantes, bien por una viremia masiva o bien por una respuesta inmune no controlada. También pueden contribuir las lesiones cutáneas, puesto que por ahí habría pérdida de líquidos, proteínas y electrolitos, así como la sepsis por bacterias que entrarían por esas lesiones. También pueden ocurrir complicaciones respiratorias, que van desde una bronquitis a una neumonía mortal. Asimismo puede sobrevenir una encefalitis o incluso complicaciones oculares al formarse pústulas en el párpado, la conjuntiva o la córnea, originándose conjuntivitis, queratitis, úlcera corneal, iritis, iridociclitis o atrofia óptica (en definitiva, esta enfermedad puede originar ceguera, cuadro bastante típico en siglos pasados). Por último, destacar que se pueden originar osteomielitis o artritis, sobre todo en los niños. Éstos eran el grupo más desfavorecido frente a la enfermedad, de tal forma que en muchos casos morían, y si llegaban a sobrevivir, las secuelas podrían ser terribles, como la ceguera.

Esta viruela ordinaria se divide en variola minor o alastrim (con apenas un 1% de mortalidad, aunque menos frecuente) y la variola major, que alcanza ese 30% que ya hemos citado. Sin embargo hay otros tipos de infecciones como la maligna (que se da casi siempre en niños), en la que no se forman pústulas. En estos casos es la sepsis la causante de un cuadro fulminante que muchas veces alcanza el 100% de mortalidad. También es de destacar la viruela hemorrágica o viruela negra, que mata a casi toda persona que le toca esta papeleta. Se dan hemorragias cutáneas severas que otorgan un aspecto a la piel de color negruzco.

Bueno, visto el cuadro clínico, podemos ahora pasar un poquitín a la historia de la enfermedad… Señalar que este condenado virus llevaba dándonos la lata desde el año 10.000 a.C. Se tiene conocimiento de que ya afectaba a grandes poblaciones por aquel entonces, pero la primera epidemia de verdad se fecha en el 1320 a.C. (hace la repera de años), cuando los hititas se estaban dando pal pelo con los egipcios (al parecer fueron los prisioneros egipcios los que transmitieron la enfermedad a los hititas). Más tarde, debido al comercio de los egipcios y fenicios, se transmitió por el Mediterráneo hasta llegar a la India, donde hubo de permanecer hasta bien entrado el siglo XX (tres mil años de nada). En Europa fue Tucídides el que nos contó la epidemia de Atenas del 430 a.C. Ni siquiera los belicosos y organizados romanos estaban a salvo de estas epidemias de viruela; la peste antonina o peste de Galeno (pues fue este quien la describió) causó la muerte de Lucio Vero, junto a la de miles de personas, corregente del Imperio junto a Marco Aurelio en el inicio de su mandato, allá por el 160 d.C.

NOTA CINEMATOGRÁFICA 1: Todos hemos visto la película (por algunos aspectos decente y por otros mediocre) Gladiator (2000). ¿Os acordáis del chiquillo sobrino de Cómodo? Se llamaba Lucio Vero, y le dice a Máximo que se llama así por su padre, que murió hace ya unos años… Bueno, pues fue esta enfermedad la que se cargó al padre del chaval… Para que veáis que ni los emperadores estaban a salvo de sus efectos.

La viruela siguió causando estragos en los siglos  siguientes, consiguiendo matar entre tres y siete millones de personas en todo el tiempo que duró el imperio romano. No fue hasta el año 540 que recibiera el nombre por el que hoy la conocemos, de manos del obispo Marius de Avenches. Se la denominó así por las pústulas que se originan, que en latín recibieron el nombre de varus.

Así que como vemos casi todo el mundo se enfrentó a lo largo de los siglos a esta enfermedad… Y digo casi todo el mundo porque en América la cosa era bien distinta… Los nativos no habían estado expuestos a la enfermedad, por lo que no tenían ninguna defensa frente a la misma (ni frente a muchas otras enfermedades que también causaron estragos como el sarampión, el tifus, la gripe o la difteria), así que imaginad los problemas que las enfermedades causaron en América cuando llegaron los europeos portadores. Aún hoy día hay un encendido debate sobre la importancia de estas enfermedades en la conquista americana y la responsabilidad de los conquistadores españoles, debate al cual no entraré, aunque me gustaría hacer un post en un futuro sobre esta misma historia….

En Europa la enfermedad seguía su curso, matando desde plebeyos a monarcas como Guillermo II de Orange y esposa, o en España Luis I, cuyo reinado sólo duró 229 días, falleciendo a los 17 años y siendo el monarca español que menos duró en el trono. Otras personalidades que padecieron la enfermedad y sí que vivieron para contarlo fueron George Washington, Mozart, Lincoln o Stalin (en la imagen os dejo una de las pocos fotografías que se tienen de sus cicatrices en la cara).

hqdefault

Vale, César, lo ha dejado claro. La enfermedad es peliaguda y atacaba a todo el mundo, rico o pobre… ¿Qué hacían aquellas gentes aparte de rezar mucho? Pues eso, rezar mucho. De hecho, si hoy volviese la enfermedad como tratamiento tampoco os penséis que podríamos hacer virguerías. La enfermedad nunca tuvo cura más allá de medidas paliativas una vez iniciada la infección. Hoy podríamos dar cidofovir, pero tampoco estamos muy seguros que el asunto funcionase. Para que te hagas a la idea de lo peligrosa que es y lo que llegó a preocupar a las autoridades, la viruela se cataloga en el nivel de bioseguridad 4, al lado de un conocido como el ébola.

Bueno, pero si fue erradicada… ¿cuál es el miedo? Es cierto que hoy día no hay casos en ninguna parte del mundo. La Organización Panamericana de la Salud anunció felizmente  en los años 50 que ya no había viruela en todo el continente americano. En 1967 se empieza una campaña brutal en la India para vacunar a todo el mundo (incluso en las zonas más pobres se llegaba a dar una pequeña recompensa para que la gente acudiese a vacunarse). Y finalmente, en una hazaña digna de compararse a la llegada del hombre a la luna, la OMS anuncia en 1977 el último caso de viruela en Somalia. Lo habíamos logrado. Nos habíamos librado de esa maldición.

Pero una pequeña aldea de irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor… La URSS y EEUU decidieron quedarse con muestras para posibles estudios en un futuro. A fin de cuentas el virus causante de la viruela tiene peculiaridades muy raras, que son de gran ayuda para estudios de nuevos antirretrovirales, de ahí que se conserve aún en Atlanta y en Moscú muestras del virus… La OMS ya había avisado de lo peligroso que era tener estas muestras tras el caso de Janet Parker, la última víctima de la viruela conocida, quien murió en Reino Unido en 1978 (cuando ya la enfermedad se consideraba erradicada) porque el laboratorio en el que trabajaba tenía una de esas muestras y hubo una fuga.

Y el problema es que tanto la URSS como EEUU desarrollaron una carrera (como tantas otras que tuvieron) en el campo de la guerra biológica… Y sí, ambos discurrieron sobre cómo usar la viruela como arma contra el enemigo (es una historia que me gustaría narrar en un post futuro, puesto que la viruela siempre se ha pensado en usar como arma biológica). El caso es que si hoy día un ataque terrorista se hiciese con viruela (cosa poco probable, pero no imposible), la mayoría de todos nosotros estaríamos como los indígenas americanos al momento del contacto con los conquistadores; totalmente indefensos. Moriríamos a puñados, y en poco tiempo. Literalmente, las autoridades no serían capaces de hacer nada de nada por cientos de millones de personas, que perecerían en pocos meses. Todos sabemos que suena imposible que un grupo terrorista se haga con esas muestras en EEUU y Rusia, pero mucho me temo que puede que no sean los único sitios donde encontrar viruela a buen precio (¿qué me decís de cadáveres de enfermos de viruela congelados en Siberia?). Además, es llamativo que los militares en EEUU sigan vacunándose de una enfermedad que se considera erradicada, ¿no? (estoy en modo Mundodesconocido completamente).

AmherstNOTA HISTÓRICA 2: igual en un futuro bastante lejano desarrollo un post sobre la guerra biológica, puesto que es un tema bastante interesante, que, además, viene de lejos. Aquí simplemente voy a exponer un pequeño ejemplo de cómo a veces los conquistadores se han abierto paso en sus ambiciones territoriales. El que veis en la foto es el bueno de Jeffrey Amherst, al que no conoce ni su padre. Pues aquí el amigo, mariscal de campo del ejército británico en el siglo XVIII y destacado en las colonias americanas, se le ocurrió la “brillante” idea de entregar mantas contaminadas de viruela a los indios Delaware que asediaban un fuerte británico… Está probado, gracias a la correspondencia que ha sobrevivido, que el reparto fue con la intención de exterminar a los indios. Según las propias palabras que le dirigió a un subalterno: “haríais bien en intentar infectar a los indios con mantas de nuestros enfermos, o por cualquier otro método tendente a extirpar a esta raza execrable”. El caso es que el resultado fueron unas 100.000 personas muertas, muchas de ellas también del propio bando británico… Y es que el problema de no poder manejar a voluntad estas armas, es inherente a su uso (por eso EEUU y otras potencias han abandonado parcialmente la idea de su desarrollo para centrarse en las armas nucleares o químicas).

LA VACUNA

Así pues, visto que poco podemos hacer contra el virus una vez que haya infectado al paciente, lo mejor será que vacunemos a la gente… Como preocupaba el asunto, las gentes del pasado se estrujaron el coco para ver cómo podían vencer a este demonio. Y por ello la viruela cuenta con el honor de ser la primera vacuna usada por el ser humano. No quiero extenderme más de la cuenta, que aún nos queda hablar de nuestro viaje, pero me gustaría hablar un poco de una historia que muchos ya conocen, la de Edward Jenner y el descubrimiento de la vacuna de la viruela:

No es por quitarle mérito al señor Jenner, que lo tiene y mucho, pero la verdad es que dar con la vacuna fue un proceso histórico que bien valdría un post entero. Es una historia de miles de años que comenzó, se supone, en las zonas que peor lo pasaban por culpa de esta enfermedad; la India y  China. Como la gente de estas zonas, también los griegos (lo sabemos gracias al mencionado Tucídides) sabían que si sobrevives a la viruela no la vuelves a sufrir, pese a las secuelas que tuvieras o no. Entonces la cosa estaba clara ¿no? Si conseguimos que un chiquillo pase una forma de la enfermedad que no sea muy chunga (que no te mate o te deje ciego), esa persona estará protegida el resto de su vida… Así lo hicieron los indios hace ya más de tres mil años; rascaban las pústulas de un enfermo, las dejaban secar un año, las pulverizaban y luego les hacían cortes a los niños para ponerles ahí esas pústulas pulverizadas.

La idea parece ingeniosa, y de hecho lo es… Pero, claro está, no podían controlar la virulencia de las pústulas, ni sabían nada sobre el sistema inmune del niño… Podría ser que lo inoculases y el niño padeciese una viruela que acabase con su vida. Poca gente se fiaba y hubo que esperar hasta el siglo XVIII para que el sistema se perfeccionase. Y aquí entra en acción Lady Mary Montagu. La señora Montagu bien debe fijar en los anales de la historia al lado de otros grandes científicos, pues ella se dedicó a la ciencia en una época en la que la ciencia estaba prohibida a las mujeres. Nacida en una familia aristocrática en 1689, su padre le permitió estudiar y viajar. Y uno de los viajes que hizo fue al Imperio Otomano, donde aprendió ciertos trucos para combatir una enfermedad que ella misma había padecido (tenía marcas en la cara) y que había matado a uno de sus hermanos menores. Al aprender el arte de la inoculación como profilaxis, lo plasmó en cartas e hizo inocular a sus propios hijos, intentando extender la práctica entre los nobles de su época. El propio médico del Rey se interesó por la práctica y se usaron condenados a muertes como conejillos de indias, y al ver que sobrevivían fueron inoculadas las princesas de Gales. Luchando contra prejuiciosos (a veces hasta religiosos, puesto que la viruela era considerada un castigo de Dios y combatirla podría ser ir contra su voluntad), muchos médicos empezaron a inocular a la gente en Reino Unido y Norteamérica.

NOTA HISTÓRICA 3: Lo cierto es que los prejuicios estaban a la orden del día y no fueron pocos los que intentaron combatirlos. Uno de ellos fue Voltaire, el cual en una de sus cartas filosóficas decía: “En voz baja se dice por toda Europa que los ingleses son locos y fanáticos; locos porque inoculan a sus hijos la viruela para evitar que contraigan esta enfermedad; fanáticos porque, para prevenir un mal incierto, provocan, tranquila- mente, una enfermedad segura y terrible. Los ingleses, por su parte, dicen: los otros europeos son cobardes y desnaturalizados; cobardes, porque temen hacer sufrir un poco a sus hijos; desnaturalizados, porque los exponen a que mueran un día de viruela”. Podéis leer la carta entera aquí. La propia zarina Catalina de Rusia, gracias a la correspondencia que mantuvo con Voltaire, hizo hincapié para que sus súbditos se inoculasen y fue ella la primera en hacerlo, para dar ejemplo. A muchos os sonará esta zarina por lo que se decía de ella y un caballo en la serie Big Bang Theory, cosa que es bastante falsa, como podéis leer aquí.

Sin embargo, la inoculación seguía siendo bastante peligrosa, llegando incluso a cifras de un 50% de fallecidos. Es cuando entra en el terreno de juego Edward Jenner, un médico inglés que trabajaba en el medio rural. Jenner se dio cuenta que las muchachas que ordeñaban las vacas no contraían la enfermedad. En su lugar contraían una enfermedad llamada viruela bovina, que es una enfermedad peccata minuta comparada con la viruela humana, que hace que se te originen pústulas menos graves, sobre todo en las manos. Así pues, extrajo líquido de las vesículas de una mujer que ordeñaba vacas. También seleccionó a un chiquillo llamado James Phipps, un muchacho sano de 8 años hijo de su jardinero, y le inoculó el líquido en unos pequeños cortes que le hizo en la piel del brazo… Éxito rotundo: el chico, aparte de un poco de malestar al cabo de unos días, estaba como una rosa, incluso después de que le inoculasen viruela humana de verdad… Lo cierto es que Jenner ha sido muy  criticado porque esto no es ni más ni menos que experimentar con humanos (el experimento podría haber salido bastante mal, el chico podría haber muerto) pero no seré yo quien entre al debate… Ya le dieron para el pelo en su época, dado que al principio lo tacharon de loco por lo que había hecho. Y sin embargo esta es la base de las vacunas; hacemos que el muchacho sufra una infección mucho más leve y que el sistema inmune adquiera memoria frente a la infección para que cuando venga el monstruo de verdad lo pueda combatir desde el principio.

Edward_Jenner
Edward Jenner con una buena pose

Todo ello fue posible gracias a que el virus de la viruela bovina es un orthopoxvirus emparentado con el virus que causa la viruela en humanos. El experimento fue realmente una combinación de suerte y acierto por parte del médico. Y como las responsables habían sido las vacas, Jenner decidió llamar a su método vaccinia, del que deriva la palabra vacuna que hoy usamos. De hecho por aquel entonces surgió un nuevo prejuicio; se llegó a pensar que al vacunarte te saldrían en el cuerpo partes de vaca, como atestigua esta imagen de 1802 titulada The cow pock.

Gillray cartoon on vaccination against Smallpox using Cowpox serum, 1802. Artist: James Gillray
La superstición en torno a la vacuna

Y ya está. Teníamos vacuna. El reconocimiento al trabajo de Jenner vendría al poco tiempo con el viaje por parte de España del que hablaremos a continuación, y por parte de Francia, al hacer Napoleón que se vacunase a sus tropas. El resto de la historia son programas y más programas por parte de los gobiernos y organizaciones para llevar la vacuna a todo el mundo. Tal vez cabría citar a algunos de esos hombres que vigilaron la salud pública de todo el mundo: Viktor Zhdanov en la URSS o el doctor Donald Henderson por parte de la OMS. Gracias a ellos y a otros miles de doctores y enfermeros, hoy los niños no tienen por qué temer a que una enfermedad se cebe con ellos y los deje muertos o ciegos. Por su férrea voluntad y determinación hoy día la viruela sólo existe en los libros de historia, cosa que podría pasar en poco tiempo con otras enfermedades como la poliomielitis (sólo quedan casos en Nigeria, Pakistán o Afganistán), el sarampión (está volviendo al continente americano por la moda de los antivacuna) o la rubeola.

Variola_vera-290866200-largeNOTA CINEMATOGRÁFICA 2: Como vemos, esta condenada enfermedad era un azote en todo el mundo. Pero, como muchas otras cosas, el cine parece que nunca la tuvo muy presente. Que yo recuerde, os puedo citar la película Variola vera (1982), una película yugoslava que narra los acontecimientos de la epidemia que asoló Belgrado en los años 70, poco antes de que la enfermedad fuese erradicada del planeta. La historia real fue que un albano kosovar había vuelto de un viaje a un país árabe, donde se infectó y trajo de vuelta la enfermedad a Europa, que hacía años que se veía libre de la misma… Creo que la película no es justa con la historia en un intento de ser crítica con la clase dirigente del periodo titista, queriendo decir que todos eran unos incompetentes. Más bien creo que fue al contrario; la respuesta fue rápida y eficaz, controlando la infección y haciendo que no se diseminase más allá de la ciudad…
Por otra parte, la serie House también tiene un capítulo enterito dedicado a la viruela. Como es lógico, House no trata la viruela porque ya no hay casos en el mundo, pero al principio se piensa que sí pudiera serlo al tratarse de una niña que presenta síntomas característicos tras cortarse con un frasco que contiene costras de infectados y que halla en los restos de un barco esclavista hundido del siglo XVIII. Es el capítulo “A pox on our house”, perteneciente a la séptima temporada y del que tengo un buen recuerdo.

EL VIAJE

Retornemos al principio del texto. Hablábamos de Macao y de cómo Xavier Balmis había llegado de un pelo a China. Es hora de hablar de su expedición, de cómo se desarrolló y cómo consiguió cimentar las bases de un éxito (la erradicación de la enfermedad) que llegaría 150 años después de su muerte…

El rey Carlos V, apodado el Cazador, tenía una hija (la infanta María Luisa) que había sufrido la enfermedad. Convencido por el médico de la corte, Francisco Xavier Balmis, financió con fondos públicos a principios del siglo XIX una expedición que recibiría el nombre de Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Además, el momento era propicio; la viruela había hecho estragos en Europa durante todo el siglo XVIII y la gente estaba bastante concienciada del problema. Y eso sin contar el hallazgo de Jenner; Balmis había leído su artículo publicado hacía tan sólo 5 años (1798). La vacuna también había llegado a España de otros médicos como Puigcerdá en 1800 (fíjate bien, sólo dos años después, lo que quiere decir que el hallazgo había viajado hasta España bien rápido). Dada la eficacia de la vacuna, el rey y el doctor se decidieron a llevarla a todas los rincones del imperio español y quizás más allá, hasta China (donde la viruela también causaba miles de muertes al año).

Para dar una pincelada sobre la vida de este médico diré que nació en Alicante el 1753 y que llevaba la medicina en la sangre, puesto que su padre y su abuelo eran cirujanos barberos. Como muchos otros en la época, entró en el ejército como médico practicante, participando en campañas contra los piratas berberiscos en 1775. Una vez convertido en cirujano militar, consiguió ascender (debió ser bastante bueno) hasta llegar ser nombrado cirujano honorario de cámara del rey. También sabemos que había viajado bastante antes de proponer esta expedición, y que conocía la Habana, Veracruz o México. La verdad es que poco más sabemos de su vida, aunque yo aventuro que se trataba de un hombre valiente; debió serlo para participar en una empresa de tal envergadura como esta, llena de peligros como tormentas, piratas y naufragios. Y más si nos ponemos a pensar que tenía ya 50 años cuando se puso al mando, una edad bastante avanzada para la época.

El primer problema con el que se encontró Balmis a la hora de organizarlo todo era cómo transportar la vacuna durante los meses o años que durasen sus viajes. Hoy día lo tenemos bastante fácil, no sólo porque los viajes duran muy poco tiempo, sino porque hay diversos medios de conservación. Pero por aquel entonces te tenías que enfrentar a meses encerrado en un barco en alta mar, por lo que a Balmis se le ocurrió la idea de usar niños de corta edad como medios de cultivo. Así pues, se seleccionaron 22 niños huérfanos de entre 8 y 10 años y se les inoculó la vacuna en su cuerpo. En el viaje participarían Balmis, 2 médicos asistentes, 2 prácticos, 3 enfermeras y la rectora del orfanato de los críos. En un principio se pensó en llevar vacas o cabras infectadas, pero lo cierto es que el fluido vacuno de los animales es frágil y se deteriora con facilidad, además de que sólo servía una raza especial de vacas inglesas infectaddas, que son escasas y caras. Es por eso que se decidieron por el uso de niños (algo que también ha sido y es muy criticado, dado que se vuelve a hablar de experimentación con humanos; al lector le dejo la polémica y que sea él el que decida si estuvo bien hecho o no).

1024px-Real_Expedición_Filantrópica_de_la_Vacuna_01.svg
Las expediciones por América

Zarpan un 30 de noviembre de 1803 desde La Coruña a bordo de una corbeta llamada María Pita. Tocan las islas Canarias al cabo de unas semanas y desde ahí cruzan el Atlántico para dirigirse a Puerto Rico. Desgraciadamente, en este viaje morirían 2 niños, Tomás Melitón y Juan Antonio, aunque ninguno por causas derivadas de la vacuna.

En Puerto Rico no hubo una gran acogida; la vacuna ya había llegado por otros medios hacia poco tiempo, aunque los medios en los que habían llegado eran de dudodas fiabilidad. Además, en Puerto Rico se encontraron muchas veces con la oposición del clero, que veían una barbaridad el inocular a niños con algo que se extraía de niños previamente inoculados. Así pues Balmis tuvo problemas para encontrar nuevos chiquillos con los que sustituir a los que traía de España (recuerda que una vez que desapareciesen las vesículas de los niños al cabo de unas semanas, estos no servían ya como correos humanos, pues no podían conseguir virus en otras partes del organismo), y tuvo que hacer el viaje desde Puerto Rico hasta Venezuela con un solo niño. En Caracas Chávez los recib… Digo,  las autoridades los acogieron bastante bien, puesto que allí no había llegado la vacuna. Incluso el poeta venezolano Andrés Bello escribió en 1804 una Oda a la Vacuna en homenaje a la expedición, que podéis leer aquí.

En Caracas deciden dividirse. Parte de la expedición a cargo de Balmis y la otra a cargo del subdirector José Salvany y Lleopart. Este último se adentrará por tierra en Colombia y desde allí, vacunando ciudad por ciudad, llegará hasta Bolivia siguiendo la línea andina, donde fallece en 1810 después de perder un ojo. Salvany es menos reconocido que Balmis, pero lo cierto es que su empresa fue bastante ardua y le llevó 7 años de viajes en Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.

Mientras tanto Balmis había zarpado desde Caracas para surcar el Caribe (otro niño moriría en una tormenta) y llegar a La Habana. Allí vacunó a casi toda la ciudad, haciendo que la gente acudiese al puerto para vacunar a sus hijos. Desde Cuba viajaron hasta México, donde el recibimiento fue brutal; en Veracruz el propio obispo fue a recibirlos y promulgó edictos ordenando a los curas locales que recomendasen la vacunación a todas las gentes de los pueblos de la región. En México la expedición se volvió a dividir, y el médico Francisco Pastor se dirigió hacia Yucatán, mientras que Gutierrez Robredo se dirigía hacia el norte, que en expediciones más tardías alcanzarían EEUU, vacunando a la gente de lo que hoy es Nuevo México, Arizona y California (llegaron hasta San Francisco). Balmis, por su parte, se propuso realizar la parte más peligrosa de toda la expedición; cruzar el Pacífico y alcanzar Filipinas y China.

Así, desde Acapulco “enroló” a 26 niños y una rectora, Isabel de Sendales, y zarparon rumbo a Manila el 8 de febrero de 1805 a bordo del navío San Fernando de Magallanes. El viaje fue bastante dificultoso, con escasez de alimentos y agua en el barco. El propio Balmis llegó enfermo de disentería a Filipinas, pero eso no le impide organizar expediciones por tierra en la región. Incluso descartó el volver a México y decidió intentar llegar a Macao con tres niños chinos vacunados, justo el lugar donde habíamos empezado…

940px-Real_Expedición_Filantrópica_de_la_Vacuna_02.svg
Las expediciones por Filipinas
NOTA HISTÓRICA 4: El Pacífico es un océano terrible, pese a que el nombre pueda confundir (le fue dado el nombre debido a que cuando lo encontró Magallanes las aguas estaban tranquilas). El Pacífico es muy difícil de navegar debido a las fuertes tormentas, el oleaje y las grandes distancias que los barcos tienen que cubrir sin poder hacer escalas. Y, sin embargo, hubo un tiempo en que se le conoció como lago español, dado que la ruta o tornaviaje descubierto por el guipuzcoano Andrés de Urdaneta desde Manila hasta Acapulco, México, era de exclusividad española… El propio Mantón de Manila, famoso en España, es de procedencia china, y fue traído hasta aquí gracias a los galeones o naos de Manila, que surcaban el océano una o dos veces por año por medio de la corriente de Kuro-Siwo. El océano pacífico perteneció a España (un país situado en el otro extremo del mundo) hasta principios del siglo XIX, después sería de Francia e Inglaterra para ser ahora mismo de China, Japón y EEUU. De hecho, ahora mismo se comenta que son más importantes las navegaciones en el Pacífico que en el Atlántico, perdiendo poco a poco este mar la hegemonía que ha mantenido a lo largo de su historia.

Como recordaréis, llegaron bastante mal a la colonia portuguesa. En palabras del propio Balmis: “la conservación de la vacuna e implorar la misericordia divina fue todo mi conato, sin que el hallarme solo para toda clase de asistencia de los tres niños, ni mi falta de fuerzas, fuera capaz de postrarme”. La verdad es que el tormento de soportar un tifón y a los piratas chinos no mereció mucho la pena, dado que las autoridades portuguesas no le hicieron mucho caso. Pero Balmis no desistió y quiso llegar hasta Cantón. Sin embargo, Cantón ya no era colonia portuguesa, sino que estaba en manos de las autoridades chinas, por aquel entonces un enorme imperio bastante cerrado a Occidente. El hecho de que un extranjero llegase y les propusiese inocular de forma desinteresada una enfermedad a sus hijos, no les debió hacer mucha gracia, aunque fuese en pos de luchar contra esa misma enfermedad. Cansado, y viendo que ya había llegado a la otra punta del mundo,  y el hecho de que ni siquiera estos territorios pertenecieran a la corona española (recordemos que el objetivo primordial de su viaje fue llevar la vacuna sólo a posesiones españolas, tanto en Asia como en América), hizo que Balmis desistiera en Cantón y decidiese volver.

La llegada a España fue en 1813. La expedición había durado casi diez años, y Balmis había empleado a un centenar de niños. No sabemos exactamente a cuanta gente vacunó, pero suponemos que a varios millares. Y, por encima de todo, contribuyó a la difusión de un hallazgo que hoy día se considera primordial en la lucha contra las enfermedades. Las palabras de sus contemporáneos nos dan una idea de cuánto significó aquella expedición en la época; el propio Jenner dijo: “No puedo imaginar que en los anales de la Historia se proporcione un ejemplo de filantropía más noble y más amplio que este”. El alemán Alexander von Humboldt diría: “este viaje permanecerá como el más memorable en los anales de la historia”. Y, sin embargo, Balmis moriría en el  más completo anonimato en 1819 a los 66 años en su casa de Fuencarral. Ni la OMS, ni la enciclopedia británica lo mencionan o le han hecho algún homenaje, ni siquiera en España es ampliamente recordado en los círculos de la Medicina, no digamos ya en el saber popular. No hay películas, apenas hay un par de libros publicados sobre el viaje… Y lo más triste de todo es que fue un hombre que se dejó la piel para poder combatir una enfermedad que a lo largo de toda su historia ha matado más personas que ninguna otra dolencia en el mundo. Espero que con estas escasas líneas se haya podido hacer un poco más de justicia a este doctor y a todos aquellos que colaboraron con él. A fin de cuentas, como dijo Newton, si hemos logrado ver más lejos, es porque nos hemos subido a hombros de gigantes; debemos la extinción de esta enfermedad a Jenner, Balmis, Montagu, Henderson y otros muchos, verdaderos gigantes en los cuales nos apoyamos para poder aprender de sus esfuerzos y librar batallas contra estos enemigos mortales. No sólo debemos estarles agradecidos, debemos procurar no olvidarlos…

Me despido con un monumento (no tan majestuoso como debería ser) que podéis encontrar en La Coruña en homenaje a los niños que participaron en la expedición. Un abrazo y a ser buenos.

800px-Monumento_homenaxe_expedición_Balmis_Coruña
¿Ni una triste placa para saber qué significa el monumento? ¿Alguien me confirma que esto está así y ya?

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s