Shakespeare y la Medicina

ShakespeareTal vez me gane con esta entrada el título oficial (si no me lo he ganado ya, cosa que me parece poco probable) de pedante máximo. Y es que hoy hablaremos, aunque brevemente, que nadie se asuste, de la obra de William Shakespeare y de su relación con la Medicina, que no es poca. Y aunque quisiera dármelas de listo, he de reconocer a mi pesar que no he leído toda su obra, aunque sólo me quedan unos pocos títulos (y los malditos sonetos), para poder realizar tal portentosa hazaña… Evidentemente no voy a exponer los argumentos de todas las obras de teatro de las que hablaremos, porque no tiene mucho sentido hablar de grandes tragedias o comedias que todo el mundo conoce, así que abreviaremos todo lo posible. Por otra parte, estoy tirando de memoria  para escribir estas líneas, de modo que es probable que me deje en el tintero muchísimas cosas. Así pues, disculpas de antemano…

ADVERTENCIA: Decirle a quien no le interese Shakespeare ni estas frikadas, que el botón de cerrar está sólo a un movimiento de ratón de distancia. Si hago esto es simplemente por entretenimiento, puro y duro, y porque, dado que se cumplen cuatrocientos años de la muerte del bardo inglés, me parece justo darle un pequeño homenaje a este autor que tantos buenos momentos y enseñanzas me ha concedido.

La relación de Shakespeare con la Medicina en sus obras es bastante amplia. Es cierto que estamos hablando de un periodo histórico (Shakespeare vivió entre 1564 y 1616) en el que la Medicina estaba aún en el mundo oscuro de la superstición, tan poco avanzada como mi relación con Kate Upton. Asimismo, no es menos cierto que Shakespeare no se preocupó de detallar mucho las diferentes dolencias y enfermedades de las que se valió para atormentar a muchos de sus personajes. Y, sin embargo, muchas líneas en sus obras son un fiel reflejo de la mentalidad de su época; también son un claro ejemplo de cómo usar muchas enfermedades en asombrosos giros dramáticos, cosa que cientos y cientos de autores han usado (y ya habían usado) en obras de teatro y en obras cinematográficas…

Así pues, Hamlet no sería Hamlet sin su locura (fingida o no). También Lear se vuelve loco tras la traición de sus hijas. Asimismo, reconocemos varias referencias a los médicos en Troilo y Crésida o en Coriolano. Para nuestra sorpresa, los estudiosos dicen que si analizásemos las obras de Shakespeare y las comparásemos con las obras de su tiempo, veríamos que su conocimiento médico está por encima que el resto de los autores contemporáneos. Va más allá, incluso, del conocimiento que tendría una persona que buscase ayuda en los médicos o boticarios de su época (tal y como hacen muchos guionistas de hoy día en Hollywood). Así pues, Shakespeare en muchos casos plasmaba las doctrinas de Paracelso, mientras que en la Inglaterra y en la Europa de por aquel entonces muchos médicos seguían anclados en las antiquísimas ideas galénicas. Que sí, que todos sabemos que Paracelso era poco más que un charlatán cuyo mayor mérito fue echar por tierra las ideas arcaicas de Galeno. Pero en aquella época estar al día de las ideas del suizo era sinónimo de innovación. Y parece que Shakespeare leyó, o, al menos, estuvo al corriente…

¿Y de dónde sacó Shakespeare estas ideas? Por lo visto, en 1540 la universidad de Cambridge admitió a un joven Thomas Smith, educado en la Universidad de Padua, como profesor de Derecho civil. El tal Thomas, preocupado por su salud (había sufrido de dolencias toda su vida) habló  con el rey para que las ideas de Paracelso fuesen las imperantes en la Universidad de Cambridge, abandonando, como ya dije, las ideas galénicas. Así, una biblioteca con libros paracélsicos fue construida, y es muy probable que Shakespeare acudiese a documentarse en la biblioteca médica de Smith, uno de los principales impulsores de estas nuevas ideas en Cambridge y, por tanto, en toda Inglaterra. Asimismo, se sabe de relación de Shakespeare con John Hall, un médico y herbolario que obtuvo título de maestría por la Universidad de Cambridge allá por 1597. De hecho, este médico acabaría viviendo en Stratford y casándose con la hija mayor del escritor.

Por otra parte, parece que Shakespeare fue testigo (o se documentó bastante bien) sobre los efectos de la muerte en un organismo humano. También parecía saber de venenos, la función de la piamadre en el cerebro, los tumores, las úlceras o la coagulación de la sangre, como leemos en La violación de Lucrecia:

Al salir de su pecho la sangre a borbotones

se divide en dos lentas corrientes carmesí,

que encierran a su cuerpo en un círculo igual

a una isla asaltada, que se extiende desnuda

y despoblada en medio de horrenda inundación

su sangre pura y roja aún permanecía,

mas que la macillara Tarquino, se hace negra.

Ahora, sobre la fúnebre, azul y helada cara,   

en la sangre más negra hay un halo acuoso,

que parece llorar sobre el manchado espacio.

desde entonces llorando las penas de Lucrecia,

la sangre putrefacta muestra signos de agua,

mientras la sangre limpia aún permanece roja,

como ruborizándose de la que está podrida.

Lo de la sangre coagulada me gusta mucho cuando Shakespeare la usa en Hamlet cuando el protagonista narra la ferocidad de la muerte de Príamo a manos del feroz Pirro:

Pirro feroz, con armas tenebrosas, negras como su intento, reclinado dentro en los senos del caballo enorme, a la lóbrega noche parecía. Ya su terrible, de ennegrecido aspecto, mayor espanto da. Él, antes todo sombras, es ahora todo gules, y cubierto con sangre caliente de padres, madres, hijos e hijas,  quemado y endurecido por los fuegos de las calles incendiadas las recorre bajo la horrenda luz que despiden, mientras que el caudillo insano muerte y estrago esparce. Ardiendo en ira, cubierto de coagulada sangre, vuelve los ojos, al carbunclo semejantes, y busca, instado de infernal venganza, al viejo abuelo Príamo…

Las tramas de sus obras tienen en muchos casos a los poemas médicos como protagonistas. Si habéis leído El sueño de una noche de verano, quizás os acordéis de que el pillo Puck al servicio de Oberón extraía el elixir de amor de una pequeña flor occidental. No es de extrañar que la idea de destilar una planta para sacar una droga estuviese ya presente en el imaginario del dramaturgo inglés, puesto que la homeopatía (y un principio de fitoterapia) ya estaba presente por aquel entonces (como hoy en día, más o menos, por desgracia).

Tal vez sea la malaria la enfermedad más nombrada por Shakespeare. El término malaria significa mal aire, y proviene del italiano. Por aquel entonces, en Inglaterra, a la fiebre provocada por la enfermedad se le conocía con el nombre ague o marsh fever, y se caracteriza por escalofríos y temblores, así como dolor en las articulaciones y los huesos. En 9 obras de teatro se hace referencia a la enfermedad:

Marlon-Brando-as-Julius-C-001En Julio César, él mismo le dice a Caius Ligario: “Salud Cayo Ligario, César nunca tan grande enemistad te tuvo, cual la fiebre que así te ha postrado”. Esta fiebre sería la fiebre de la malaria, y el propio Shakespeare sabría (o intuimos que sabía) que era una enfermedad bastante común en la época romana.

En La vida y muerte del rey Juan nos encontramos a Constanza, madre de Arturo, lamentando el destino de su hijo diciendo:

Pero ahora me va a comer el cancro nacido de mi tristeza, y perseguirá la belleza nativa de mi mejilla. Y ella se verá tan hueca como un fantasma, como tenue y magra como en un ajuste de la fiebre intermitente.

Las referencias a la fiebre palúdica también las encontraremos en El mercader de Venecia, Ricardo II, Enrique VIII o Macbeth. También es ampliamente usada como metáfora favorita para todo lo malo que le pase a un personaje; se hacen también referencias a los efectos nocivos de un aire envenenado o al hedor de los pantanos podridos. No es de extrañar que este tan presente en las obras del autor: la malaria, hoy erradicada de Europa, por aquel entonces daba bastantes problemas en Inglaterra, sobre todo en zonas del Támesis o en Essex.

Pero no sólo en la malaria nos quedaremos. Tenemos referencias del escorbuto, la gota, la epilepsia, el reumatismo y las enfermedades venéreas. También encontramos algunos conceptos revolucionarios para la época, como es el concepto de la inmunización que se ve en Enrique IV, parte II, cuando Northumberland recibe las noticias malas procedentes del campo de batalla:

Sobrado tiempo tendré para lamentarme; el veneno entraña su remedio. Si hubiera estado bueno, esas noticias me habrían enfermado; enfermo, en cierta manera me han restablecido. Y así como el miserable cuyas coyunturas febricientes, semejantes a frágiles bisagras, se doblan bajo la vida, de pronto, en el ímpetu de un acceso, se escapa como el rayo de los brazos de sus guardianes, tal así mis miembros, agobiados por el dolor, pero por el dolor sobreexcitados, tienen triple energía. ¡Lejos de mí, pues, débil muleta! Ahora un guantelete escamoso, de junturas de acero, debe cubrir mi mano. ¡Lejos de mí, gorro de enfermo! ¡Eres muy débil defensa para una cabeza que aspira a herir príncipes hartos de triunfos! Ahora ceñid de hierro mi frente y que la hora más funesta que puedan traer el tiempo y la venganza, se avance amenazante contra Northumberland enfurecido. ¡Que el cielo se estrelle contra la tierra! ¡Que la mano de la naturaleza cese de contener la ola salvaje! ¡Que el orden perezca! ¡Que el mundo no sea ya una escena donde las luchas se suceden con lánguidos intermedios! ¡Que el espíritu solo del primer nacido Caín reine en todos los corazones, que los haga ávidos de actos sangrientos y el duro drama concluya y las tinieblas sean el sepulturero de los muertos!

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Jeremy Irons como Enrique IV

En Cuento de invierno (obra que no me he leído), el personaje Camilo presenta un concepto revolucionario: que una persona puede transportar y propagar enfermedades a pesar de que él o ella se mantiene libre de la enfermedad:

Hay una enfermedad que suele afectar a algunos de nosotros; pero no puedo nombrarla; y el contagio lo habéis traído vos, que estáis sano.

En Ricardo III, Hastings informa a Ricardo que el rey languidece debido a una enfermedad mortal. Shakespeare llama la atención sobre la importancia de la nutrición en las siguientes líneas pronunciadas por Richard: “Oh, ha guardado una mala dieta durante tiempo, y demasiado ha consumido su persona real”

En Pericles, príncipe de Atenas, Shakespeare demuestra un conocimiento de los estados alterados de conciencia que imitan a la muerte. En el pasaje clave, Cerimon abre el ataúd de Thaisa, y observa cómo ella parece que está casi viva. Es entonces cuando dice:

La muerte puede usurpar la naturaleza por muchas horas, Y sin embargo, aún el fuego de la vida de nuevo se enciende y los espíritus se recobran. He oído de un egipcio que por eso mismo estuvo nueve horas gravemente muerto, mas en buena hora fue resucitado.

Por otra parte, una plaga de peste asoló Londres entre 1592 y 1603, dejando varios muertos a sus pasos. Por aquel entonces se designaron unos funcionarios especiales cuyo deber era ir a las casas de las víctimas de la peste e investigar si había muertos en ellas, de modo que si los encontraban, se cerraba la casa aunque hubiese familiares vivos en ella, y se despojaba a los muertos de las ropas para incinerarlos lo más rápido posible. Por aquel entonces Shakespeare se encontraba escribiendo una de sus obras más reconocidas, Romeo y Julieta, publicada en 1597… Si habéis leído la obra, debéis saber en primer lugar que Julieta, al igual que lo que pasaba en Pericles, ingiere una droga que la deja como muerta aún sin estarlo… Y que el fraile Lorenzo, sospechoso de estar en una casa infectada, no puede darle a Romeo la noticia de que su amada no está realmente muerta, ya que unos funcionarios públicos le impiden pisar la calle… El resto de la historia es de sobra conocido.

Mencionar también las enfermedades venéreas, especialmente la sífilis. Quizás algún día haga un post sobre esta enfermedad y su misterioso origen, pero ahora sabed que el siglo XVI es el primer siglo en el que se tiene conocimiento en Europa sobre la enfermedad. Shakespeare se equivoca y llama viruela a la sífilis en sus composiciones. En cuanto al resto de enfermedades venéreas, la obra Medida por medida es un claro recopilatorio de ellas, sobre todo gracias al personaje Lucio, un solterón empedernido que dota de comicidad a la obra de teatro. Así pues es Lucio el encargado de soltar a una puta  la famosa frase: “señora, he comprado muchas enfermedades bajo su techo”. Más personajes shakesperianos que sufran sífilis u obras en las que se tenga referencia de sífilis: Cimbelino, Enrique IV, Enrique V, Hamlet, Trabajos de amor perdidos, Medida por medida, Otelo y Pericles.

Para mí, Hamlet es su mejor obra. Es mi obra favorita, releída más de una docena de veces, y gracias a ello puedo señalar 2 pasajes que tienen relación con la ciencia médica:

El primer pasaje tiene lugar en el acto IV, cuando Hamlet recibe noticias del avance del ejército de Fortinbrás: “De ese modo el sacrificio de dos mil hombres y veinte mil ducados, no decidirá la posesión de un objeto tan frívolo. Es como el tumor de tanta paz y bienestar que revienta  por dentro; sin que exteriormente se vea la razón porque el paciente perece”.

El otro pasaje es cuando le revela a su madre que no está loco, que está bien cuerdo y es ella la que ha cometido una locura al olvidar tan pronto a su padre y casarse con su tío. Por aquel entonces muchas veces la locura se relacionaba con enfermedades de la sangre o con las alteraciones del ritmo cardíaco. Es por eso que Hamlet le dice a su madre: ¿delirio? Mi pulso, como el tuyo, late acompasado y produce la misma música saludable. No es locura lo que he dicho, ponme a prueba y repetiré cada palabra, lo cual es imposible para un loco. Madre, por el amor de Dios, no pongas un ungüento linsojero en tu alma, pensando que es mi locura y no tu culpa la que habla”.

Hamlet también es un compendio de enfermedades mentales, así como ocurre con otras obras. Por aquel entonces, los trastornos mentales estaban débilmente investigados. De hecho, muchas veces los pacientes mentales no estaban recluidos en ningún sitio, sino que Londres mismo actuaba como asilo gigantesco, poblándose sus calles de lo que coloquialmente se denominaba locos. Shakespeare los vería de primera mano al vagar por las calles de la capital inglesa, y por ello muchas veces se reflejan estas enfermedades en sus escritos. Así pues, en Ricardo III el escritor exhibe cómo Ricardo, afectado por cifosis (aunque realmente no hay evidencias de que el rey Ricardo padeciese realmente esa enfermedad) y psicopatía, se lamenta de su aspecto y de su enfermedad:

Ya el invierno de nuestra desventura se ha transformado en un glorioso estío por este sol de York, y todas las nubes que pesaban sobre nuestra casa yacen sepultas en las hondas entrañas del Océano. Ahora están ceñidas nuestras frentes con las guirnaldas de la victoria; nuestras abolladas armas penden de los monumentos; nuestros rudos alertas se han trocado en alegres reuniones; nuestras temibles marchas en regocijados bailes. El duro rostro del guerrero lleva pulidas las arrugas de su frente; y ahora, en vez de montar los caparazonados corceles, para espantar el ánimo de los feroces enemigos, hace ágiles cabriolas en las habitaciones de las damas entregándose al deleite de un lascivo laúd. Pero yo, que no he sido formado para estos traviesos deportes ni para cortejar a un amoroso espejo…; yo, groseramente construido y sin la majestuosa gentileza para pavonearme ante una ninfa de libertina desenvoltura; yo, privado de esta bella proporción, desprovisto de todo encanto por la pérfida Naturaleza; deforme, sin acabar, enviado antes de tiempo a este latente mundo; terminado a medias, y eso tan imperfectamente y fuera de la moda, que los perros me ladran cuando ante ellos me paro…¡Vaya, yo, en estos tiempos afeminados de paz muelle, no hallo delicia en que pasar el tiempo, a no ser espiar mi sombra al sol, y hago glosas sobre mi propia deformidad! Y así ya que no pueda mostrarme como un amante, para entretener estos bellos días de galantería, he determinado portarme como un villano y odiar los frívolos placeres de estos tiempos. He urdido complots, inducciones peligrosas, válido de absurdas profecías, libelos y sueños, para crear un odio mortal entre mi hermano Clarence y el monarca. Y si el rey Eduardo es tan leal y justo como yo sutil, falso y traicionero, Clarence deberá ser hoy estrechamente aprisionado a causa de una profecía que dice que J. será el asesino de los hijos de Eduardo. ¡Descended, pensamientos, al fondo de mi alma! ¡Aquí viene Clarence!

Annex-Welles-Orson-Macbeth_NRFPT_02Otros trastornos mentales que podemos encontrarnos son: la paranoia (bien definida en Macbeth, Hamlet, Coriolano, Otelo o la anterior Ricardo III), la depresión (Hamlet y El rey Lear), la demencia (algunos entienden que en El rey Lear el protagonista sufre una demencia relacionada con el Alzheimer), o, como enfermedad neurológica, la epilepsia (por aquel entonces los ingleses sabían, al igual que nosotros, que Julio César padeció de epilepsia, como atestigua este fragmento en la obra del mismo nombre en el que Casio describe como simple mortal a César ante Bruto: “Tuvo fiebre cuando estaba en España, y observé cómo temblaba en el acceso. No; no lo dudes ¡ese Dios temblaba!”). También son de destacar las alucinaciones, fenómeno que Shakespeare describió de manera prodigiosa en Macbeth: ¿Es un puñal lo que veo ante mí? ¿Con el mango hacia mi mano? Ven, que te agarre. No te tengo y, sin embargo, sigo viéndote. ¿No eres tú, fatídica ilusión, sensible al tacto y a la vista? ¿O no eres más que un puñal imaginario, creación falaz de una mente enfebrecida? Aún te veo, y pareces tan palpable como este que ahora desenvaino. Me marcas el camino que llevaba, y un arma semejante pensaba utilizar. O mis ojos son la burla de los otros sentidos o valen por todos juntos. Sigo viéndote, y en tu hoja y en tu puño hay gotas de sangre que antes no estaban. No, no existe: es la idea sanguinaria que toma cuerpo ante mis ojos. Muerta parece ahora la mitad del mundo, y los sueños malignos seducen al sueño entre cortinas. Las brujas celebran los ritos de la pálida Hécate, y el crimen descarnado, puesto en acción por el lobo, centinela que aullando da la hora, con los pasos sigilosos de Tarquino el violador, camina hacia su fin como un espectro. Tierra sólida y firme, dondequiera que me lleven, no oigas mis pisadas, no sea que hasta las piedras digan dónde voy y priven a esta hora de un espanto  que le es propio. Yo amenazo y él, con vida; las palabras el ardor del acto enfrían. Las alucinaciones también se presentan en Hamlet, sobre todo cuando el padre asesinado del protagonista se presenta para revelar su horrible asesinato a manos de su tío (aunque en la obra hay ambigüedad de si era una alucinación o un fantasma que clamaba venganza). En Hamlet también asistimos al hundimiento en la locura de Ofelia tras el asesinato de su padre a manos de su amado Hamlet. Ofelia sufriría una histeria (emoción excesiva, de modo que una persona puede variar su estado de ánimo de manera repentina) de modo que se presenta dividida en sí misma, cantando, riendo y llorando a la vez. El final de la pobre mujer lo conocemos todos….

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Kenneth Branagh como Hamlet

Incluso en Hamlet se introduce un revelador fragmento que nos dice que Shakespeare conocía bien los fenómenos de putrefacción y descomposición de un cadáver, y aunque tiene razón en lo del agua, se equivoca en cuanto a las fechas; a los 5 años un cadáver ya se considera esqueleto y se puede exhumar para moverlo a un panteón, por ejemplo:

HAMLET.- ¿Cuánto tiempo podrá estar enterrado un hombre sin corromperse?

SEPULTURERO 1.º.- De suerte que si él no corrompía ya en vida (como nos sucede todos los días con muchos cuerpos galicados, que no hay por donde asirlos) podrá durar cosa de ocho o nueve años. Un curtidor durará nueve años, seguramente.

HAMLET.- ¿Pues qué tiene él más que otro cualquiera?

SEPULTURERO 1.º.- Lo que tiene es un pellejo tan curtido ya, por mor de su ejercicio, que puede resistir mucho tiempo al agua; y el agua, señor mío, es la cosa que más pronto destruye a cualquier hideputa de muerto. Ve aquí una calavera que ha estado debajo de tierra veintitrés años.

Y en cuanto a la depresión, me encanta el fragmento que recita Hamlet en esta prarte, que señala lo grande que es el hombre y lo que puede pasar en una persona deprimida:

Y yo os voy a decir el motivo: así me anticiparé a vuestra propia confesión; sin que la fidelidad que debéis al Rey y a la Reina quede por vosotros ofendida. Yo he perdido de poco tiempo a esta parte, sin saber la causa, toda mi alegría, olvidando mis ordinarias ocupaciones, y este accidente ha sido tan funesto a mi salud; que la tierra, esa divina máquina, me parece un promontorio estéril, ese dosel magnifico de los cielos, ese hermoso firmamento que veis sobre nosotros, esa techumbre majestuosa sembrada de doradas luces, no otra cosa me parece que una desagradable y pestífera multitud de vapores. ¡Que obra de arte es la del hombre! ¡Qué noble su razón! ¡Qué infinitas sus facultades! ¡Qué expresivo y maravilloso en su forma y sus movimientos! ¡Qué semejante a un ángel en sus acciones! Y en su espíritu, ¡qué semejante a Dios! Él es sin duda lo más hermoso de la tierra, el más perfecto de todos los animales. Pues, no obstante, ¿qué juzgáis que es en mi estimación ese purificado polvo? El hombre no me deleita…

Macbeth también nos presenta el esbozo de una enfermedad que siglos más tarde se describiría como Trastorno obsesivo-compulsivo. Lady Macbeth, arrastrada por los sentimientos obsesivos de culpa por el asesinato del rey Duncan, se lava continuamente las manos, por creer que están llenas de sangre que atestiguan su mortal pecado (más tarde, recordemos todos, decide quitarse la vida al estar tan atormentada). Por último, señalar que en Macbeth también encontraremos referencias a la impotencia sexual del varón debida a la bebida de sustancias alcohólicas (“beber en exceso provoca el deseo pero quita el remordimiento”), al insomnio (Macbeth no puede dormir después de  asesinar al rey Duncan, por lo que le dice a su esposa: “Me pareció que una voz gritaba: « ¡No durmáis más! Macbeth mata el sueño, el sueño inocente, el sueño que devana una maraña de desvelos, el morir de la vida diaria, baño de fatigas, bálsamo de almas laceradas, plato fuerte de la gran naturaleza, sustento mayor del festín de la vida.» Y seguía gritando a toda la casa: ¡No durmáis más! Glamis ha matado el sueño, y por eso Cawdor ya no dormirá, Macbeth ya no dormirá.”)

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Lady Macbeth por John Singer Sargent, 1889. Uno de mis personajes shakesperianos favorito

Muchas veces los pobres tratamientos para tratar estas enfermedades mentales no eran otros que las flebotomías o sangrías, con escasos resultados, como todos sabemos. Se hace referencia a dicho tratamiento en diversas obras de Shakespeare, como en Hamlet.

En cuanto al alcoholismo, por aquel entonces no se le denominaba así, aunque Shakespeare hace claras referencias a personajes alcohólicos. Así pues, tenemos compañeros de bebida del príncipe Hal en las obras de Enrique IV, como Bardolph, a quien se describe con una nariz enrojecida por el consumo excesivo de vino de Madeira. Antiguamente se pensaba que el rinofima era causado por el alcohol, aunque sabemos que esto no es cierto. Sin embargo, la imagen del borrachín con esta dolencia ya forma parte del imaginario público. Falstaff es otro compañero (malas compañías, mejor dicho) del que luego se convertirá en el victorioso Enrique V, a quien Shakespeare lo presenta adorando a la bota de vino: “si tuviese mil hijos, el primer principio humano que les enseñaría del primero al último debiera ser que adorasen a una buena bota de vino”. Falstaff es también un claro ejemplo de obesidad (además de comicidad y camaradería).

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Orson Welles como Falstaff

La enureseis (mojar la cama por micción involuntaria durante el sueño) también es reflejada en A buen fin no hay mal principio, cuando Parolles, secuaz de Beltrán, recita: “La embriaguez es la mejor de sus virtudes; bebe como un cerdo; y mientras duerme no comete ninguna mala acción, salvo en las sábanas de su lecho y cuanto le rodea. Pero se le conocen sus hábitos y se le tiende sobre la paja”.  En esta obra también se describe una fístula, siendo el rey de Francia quien la padece y Helena la que lo cura (aunque con pociones desarrolladas por su padre, cosa poco probable, que una pócima cure una fístula). Relacionado con el tema de la enuresis, encontramos la incontinencia urinaria por debilidad muscular en ancianos, como ocurre en El mercader de Venecia, cuando Shylock dice que estornudar o sonarse la nariz (“cuando la gaita canta”) puede hacer que uno hombre anciano descargue orina.

Los nevus también son reflejado en la obra de Shakespeare La vida y muerte del rey Juan, cuando Constanza elogia a su hijo Arturo, al ser de piel clara y de buena apariencia, pero destaca que Juan tiene el cuerpo lleno de manchas de nacimiento.

Las maldiciones no se quedan atrás en Shakespeare, y muchos personajes maldicen a otros con terribles enfermedades. Así pues, en Timón de Atenas, el protagonista Timón maldice a todos los atenienses con una enfermedad que provoque picores en todos los pechos de los atenienses. Más específico es en Coriolano cuando maldice a sus enemigos con forúnculos y plagas . El rey Lear maldice a una de sus hijas, llamándola “hervor, carbunco en relieve”. Un carbunco no es otra cosa que una infección causada por el Bacillus anthracis y que produce múltiples abscesos. También se le conoce como ántrax y es una enfermedad muy grave y peligrosa. Otra maldición ocurre en la obra Troilo y Crésida, cuando Tersite maldice a Patroclo con un severo catarro imperecedero que le obligue a tomar remedios absurdos una y otra vez (recordad que no hay un tratamiento cien por cien eficaz contra el catarro, cosa que ya sabrían por aquel entonces). Más maldiciones usadas por Shakespeare incluyen calambres abdominales (cuando Calibán maldice a Próspero) y otros.

La gota era una enfermedad bastante conocida en su tiempo, más propia de monarcas bien alimentados que de los plebeyos, como atestiguan las obras Medida por medida, Como gustéis, Cimbelino, Enrique IV parte II o Los dos nobles caballeros. En España por aquel entonces la gota era bien conocida por el emperador Carlos V, quien en el monasterio de Yuste hacia el final de su vida padeciese los dolores de la enfermedad. La gota no es la única enfermedad reumática que se menciona en las obras de Shakespeare; Otelo, Antonio y Cleopatra, Coriolano, Mucho ruido y pocas nueces son otras de las obras donde el inglés nos habla de un reumatismo que afecta a varios de sus personajes, un reumatismo que incluiría bursitis, neuritis, artritis reumatoide y osteoartritis.

Por último, mencionar la lepra que Shakespeare dibujó en Enrique VI parte II, cuando la reina Margarita dice: “Sea ¡ay de mí, más desgraciada de lo que soy! Qué, ¿tus ojos se apartan y no quieren ver mi  rostro? No soy una leprosa repugnante; mirarán a mí”. Otras referencias a la lepra se producen en Antonio y Cleopatra y Timón de Atenas.

Y con esto, termino las referencias médicas de William Shakespeare… Lo cierto es que tal vez me olvide de muchas, y es obvio que no de todas me acordaba y las tuve que buscar en diversos artículos de Internet (si me supiese todas las obras de Shakespeare de memoria sería un loco de remate). Simplemente he escrito esto en poco tiempo porque tenía ganas de rendir un sentido homenaje a un escritor que me ha apasionado desde que leí Hamlet hace ya unos cuantos años, y que me ha llegado a encandilar más aún cuando he visto multitud de películas basadas o inspiradas en sus obras de teatro. Ayer me vi Macbeth (2015), con Michael Fassbender como protagonista, y por eso mismo decidí escribir estas líneas, pero lo cierto es que son legión las películas que uno puede encontrar. Y es que Shakespeare ha inspirado a miles de personas desde que escribiera sus obras, allá bien lejos, hace 400 años. Le debemos muchos minutos de entretenimiento al Bardo de Avon, y leerlo es lo mínimo que podemos hacer como homenaje.

Me despido tal y como se despedían en El sueño de una noche de verano: “Si esta ilusión ha ofendido, pensad, para corregirlo, que dormíais mientras salían todas estas fantasías. Y a este pobre y vano empeño, que no ha dado más que un sueño, no le pongáis objeción, que así lo haremos mejor. Os da palabra este duende: si el silbido de serpiente conseguimos evitar, prometemos mejorar; si no, soy un mentiroso. Buenas noches digo a todos. Si amigos sois, aplaudid y a fe de honrado Puck, seréis recompensados”. 

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Michael Fassbender como Macbeth en la película de 2015

PD: Introduzco esta imagen para que veáis muchas de las muertes en las obras de Shakespeare y entendamos que el inglés no era demasiado compasivo con sus personajes, siendo Tito Andrónico la obra en la que más muertes se producen (incluso llegó a causar controversia en la época victoriana):

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