Sobreviviendo a la rabia

Esta será la última entrada que escribiré en un largo tiempo, dado que empezamos a estudiar todos el MIR y no habrá mucho tiempo para estos menesteres… Por eso espero que esta entrada os guste; no me gustaría hacer un parón de unos meses y que lo último que quedase publicado fuese algo que nadie apreciase (aunque este blog creo que sólo le gusta a su dueño, pero qué se le va a hacer).

INTRODUCCIÓN

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La protagonista de nuestra historia

Estamos en Madison, Wisconsin, en un mañana de septiembre de 2004. Una chiquilla de 15 años asiste al servicio religioso en la iglesia de St. Patrick de Font du Lac, se llama Jeanna Giese y ella no lo sabe aún, pero se convertirá en una paciente cuya historia acabará recorriendo el mundo entero.

Escuchando el sermón del párroco, un murciélago golpea una ventana en el interior de la iglesia, por lo que Jeanna se levanta y trata de ayudar al animal para que pueda volar fuera del edificio, saliendo de la iglesia para liberarlo. Sin embargo, el murciélago la muerde en el dedo índice de la mano izquierda. Jeanna y su madre no le dan demasiada importancia a la herida y la lavan con agua oxigenada al llegar a casa. No parecía que hubiese mayor problema, por lo que en ningún momento se pensó en hacer nada más ni buscar atención médica…

Un mes después Jeanna siente fatiga y un cosquilleo constante en la mano en la que el murciélago le mordió. Tres días después de estos primeros síntomas, Jeanna empeora; ahora resulta que le cuesta caminar y tiene visión borrosa y diplopía, así como náuseas y vómitos. Alertada, su madre la lleva a urgencias, donde la observa un neurólogo. Al hacerse una resonancia magnética craneal, no encuentran hallazgos significativos. Todo parece normal, y sin embargo Jeanna cada vez está peor; ahora tiene dificultad para hablar y los cosquilleos en la mano se han transformado en auténticos temblores por todo el brazo izquierdo. Se traslada a la niña al Children’s Hospital of Wisconsin, situado en Milwaukee, donde Jeanna comenzó a mostrar síntomas de hidrofobia y a tener una sialorrea pronunciada. Es entonces cuando se empieza a sospechar que la pobre chica puede padecer rabia. No había tiempo que perder…

HISTORIA DE LA RABIA

Me gustaría empezar a hablar de la historia de esta enfermedad y por qué he señalado que no había tiempo que perder con la pobre Jeanna, dado que esta enfermedad, que nos ha acompañado desde hace muchísimo siglos, es bastante peliaguda con un pronóstico de muerte una vez superada un determinado punto de su evolución clínica.

Es una de las enfermedades virales más antiguas que se conocen, y esto lo demuestra su propio nombre, ya que se originó en la India en torno al año 3.000 a.C. y proviene del término sánscrito rabhas, que significa agredir. Una vez en Europa, rabhas se transformó en rabere (enloquecer) por medio del latín. Después vendría al castellano el término que hoy conocemos.

La rabia ya era conocida en Mesopotamia, como lo demuestran las Leyes de Ešnunna, que con más de cuatro mil años de historia nos dicen:

“Si un perro está loco y las autoridades han comunicado tal hecho a sus propietarios; si dichos propietarios no lo contienen y muerde a un hombre y le causa la muerte, entonces el propietario deberá pagar dos tercios de una mina (40 shekels) en plata. Si muerde a un esclavo y provoca su muerte pagará 15 shekels de plata”.

Es decir, los mesopotámicos ya conocían que los perros enloquecidos eran un grave peligro; tenían conocimiento de cómo se volvían los animales afectados por esta enfermedad.

Los antiguos griegos también debieron conocer la enfermedad muchos milenios atrás; una posible prueba de ello la encontramos en la mitología homérica; Homero se refiere a la rabia en la Ilíada cuando menciona que “Sirius” (la estrella también conocida como Alfa Canis Majoris), de la constelación de Orion, ejerce una influencia maligna sobre la humanidad, por lo que esta estrella se asociaba con perros rabiosos en todo el Mediterráneo Oriental, Egipto y Roma. Y es que resulta que la aparición de Sirio anunciaba veranos cálidos y secos que tenían connotaciones malignas en los hombres según creían ellos. De hecho, las personas afectadas por esta influencia se conocían como αστροβόλητος (astrobóletos) que significa en griego antiguo “golpeados por la estrella”. Por eso, una vez que aparecía la estrella, se conocían los días posteriores como “días del perro”, y monedas recuperadas de la isla de Ceos en el mar Egeo tienen a perros y estrellas como emblemas en el reverso. Y ya que hablamos de mitología helénica, sabed que Aristeo, hijo de Apolo, se consideraba el protector que prevenía el contagio, y debías encomendarte a Artemisa para buscar tratamiento.

Tiempo después Demócrito nos realizaría una primera descripción de la enfermedad, y Aristóteles nos dice que “Los perros sufren de la locura. Esto hace que se vuelvan irritables y  convierten en locos a todos los animales que muerden”. El escritor romano Cardanus describió la saliva de un perro rabioso como un virus, la palabra latina para el veneno.  También Galeno la conoció, así como Celso, Rufus de Éfeso, Oribasius y otros, en diferentes siglos y circunstancias. Fueron los griegos los primeros en recomendar la cauterización de la herida como posible tratamiento de la enfermedad, terapia que fue predominante hasta el surgimiento de la vacuna. Los romanos también copiaron este tratamiento, pero añadieron otro un poco más brusco; Plinio y Ovidio citan que por aquel entonces (siglo I d.C.) se creía que la rabia podía ser inoculada por la mordedura del perro ya que este tendría un gusano en su lengua. Por ello se recomendaba cortar el frenillo de la lengua del perro y se extirpaba un pliegue en el que pudiera estar el gusano… Por loca e insensata que pueda parecer esta idea, fue también fe predominante en los siglos posteriores.

Para resumir un poco todo esto, vemos aquí cómo sería un tratamiento de una mordedura en la época imperial romana: aplicación de ventosas para extraer el veneno (virus); cauterización por hierro caliente o sustancias cáusticas; baño con sudación y beber vino, por considerarlo un antídoto contra varios venenos. Varios tratamientos también eran recomendados en esa época como comer nieve, enemas, escarificaciones, sangrías y otros. Algunos de estos tratamientos como la cauterización, tenían un sustento empírico, porque estarían evitando la penetración del virus en el organismo.

Incluso en el Talmud aparece mencionada la rabia, y no sólo eso, sino que en este texto religioso se asientas las bases de lo que posteriormente sería la vacuna de la rabia. En concreto, se señala:

“Si un hombre es mordido por un perro rabioso, Matias Ben Heresh permite que el hombre coma el hígado del perro”.

Dicho así tal vez suene un poco loco, pero es que el tal Ben Heresh era médico judío asentado en Roma, y tenía contacto con las ideas galénicas; comerse el hígado del perro rabioso puede conferir un cierto grado de inmunidad pasiva, de modo que habría que hacerlo al poco de que el animal te mordiera y esperar que esto te protegiese ante el virus.

El Talmud también hace una descripción de un animal rabioso:

Nuestros Rabinos enseñaron que cinco cosas se mencionan en relación con un perro rabioso: su boca está abierta, su saliva gotea, sus orejas están alerta, la cola cuelga entre sus muslos, y camina sobre el borde de la carretera. Algunos dicen que también ladra sin que su voz sea escuchada. ¿De dónde [la locura del perro] procede? Rab dijo que era por culpa de brujas, que estaban teniendo diversión con el perro. Samuel, por otra parte, nos dice que un mal espíritu descansa sobre el animal.

Como vemos, conocían la clínica pero no la etiología. Sin embargo, también conocían bien el peligro que esta enfermedad tenía, así como la necesidad de un tratamiento y una prevención inmediata; la tradición talmúdica  menciona que incluso si una persona sólo se frota contra el perro rabioso, hay peligro, y debe retirar y destruir sus ropas. El ya mencionado Samuel nos dice que se debe acabar con el perro lanzándole algo, evitando matarlo en contacto directo. También se nos comunica en el texto sagrado que el tratamiento para alguien mordido por un perro rabioso (aparte de lo del hígado que mencionamos antes) debe ser el siguiente:

“¿Cuál es el remedio [para la mordedura de un perro rabioso]? Abaye dijo que el paciente debe cubrir su piel con la piel de una hiena macho (o leopardo) y escribir en dicha piel: “yo, el hijo de tal mujer, ruego al Señor de los ejércitos, Amén, Amén, Selah”. Entonces, que se quitará la ropa y la enterrará en una tumba durante el transcurso de los 12 meses de un año. Luego debe sacar la ropa de la tumba y quemarla en un horno y esparcir las cenizas. Durante los 12 meses, si se bebe agua, que se  beba, pero mediante de un tubo de cobre, para que no vea la sombra del demonio y ser ponga en peligro”.

Obviamente este no es el tratamiento actual para esta enfermedad, no serían más que un conjunto de rudimentos mágico-religiosos con muy dudosa eficacia. En realidad, lo único a destacar es el tubo de cobre para beber agua, ya que veremos luego que estos pacientes padecen hidrofobia y una sed intensa al mismo tiempo.

Por último, y aunque ya no tiene que ver con el Talmud, el médico judío nacido en la actual Córdoba, Maimónides, nos hace otra descripción de los animales rabiosos:

“En perros rabiosos. Los primeros médicos ya han señalado el carácter variado de los síntomas de un perro rabioso… El perro rabioso siempre se pasea él sólo, de una manera errática, apoyándose en las paredes y nunca ladrando… Todo lo mencionado en la literatura contra la mordedura de un perro rabioso es útil, en todo caso, sólo cuando se aplica antes de la rabia fija. Cuando se llega a ese punto, hasta el momento no he visto a nadie que haya escapado con vida. Una persona mordida por un perro rabioso no siempre experimenta un mayor dolor que después de la mordedura de un perro normal. Los síntomas que indican la rabia aparecen como regla general, sólo después de ocho días, a veces hasta mucho más tarde. Por lo tanto, se deduce que nadie mordido por un perro [loco] debe adherirse a las reglas generales, que es el vendaje, incisión, succionando, sangría copiosa desde el punto afectado por medio de ventosas y purgas”.

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Fracastoro, el primero en describir la rabia en humanos

Sin embargo, le debemos a Girolamo Fracastoro el haber descrito por primera vez la rabia de humanos en 1546. Lo contaba de la siguiente manera:

“El paciente no puede estar ni de pie ni acostado, como un hombre loco se mueve de aquí para allá, se desgarra la piel con sus manos y siente una sed intolerable. Éste es el síntoma más alarmante, porque se asusta tanto del agua y de cualquier otro líquido que preferiría morir antes de beber o acercarse al agua. Es entonces cuando muerde a otras personas, tienen espuma en la boca, sus ojos se ven desencajados y finalmente quedan exhaustos y emiten dolorosamente su último aliento”.

Con todas estas descripciones y ya sólo por la preocupación que se expresa en el Talmud, nos debería hacer sospechar que esta enfermedad era bastante grave, pero lo cierto es que, aunque peligrosa, en ningún momento esta enfermedad constituyó una plaga como pudiera ser la peste o la gripe. Los casos eran aislados, predominantemente en Grecia, pero no se extendían por todo el imperio.

Pero en la Edad Media (especialmente en la Baja Edad Media) las ciudades crecieron a una gran velocidad, y con ese crecimiento no sólo llegaron la peste, la tuberculosis y el sarampión, sino que la rabia también estuvo presente dada la invasión de animales salvajes en muchos pueblos y villas. De hecho, el primer gran brote se originó en Francia en 1271, siendo responsables unos lobos que invadieron varios pueblos y atacaron a sus habitantes.

En aquella época, aparte de los principios hipocráticos que ya hemos mencionado, se incluían en el tratamiento numerosos ritos religiosos, siendo San Humberto el protector de esta enfermedad. Es por ello que cuando alguien era mordido por un animal salvaje los sacerdotes introducían un hilo extraído de la capa del santo y lo introducían bajo la piel del enfermo. También eran frecuentes las peregrinaciones a la tumba de San Humberto, en Bélgica.

Transcurriendo los años, la rabia se empezó a adueñar de toda Europa occidental. En 1500 España estaba asolada, lo mismo que París. Londres en el siglo XVIII tuvo un importantísimo problema al estar sus calles infestadas de perros rabiosos que atacaban de continuo a sus habitantes, por lo que las autoridades empezaron a tomar cartas en el asunto. Y, claro está, “muerto el perro se acabó la rabia”, así que se empezaron a matar perros callejeros a cambio de una recompensa económica y otras ciudades copiaron el invento. En Madrid en un día se llegaron a matar un millar de perros, mientras que en Francia se prohibía a los pobres tener estos animales.

Con la llegada del Renacimiento tenemos nuevos procedimientos terapéuticos; se abandonaron un poco los rezos y se aplicaba hierro y candente y mercurio sobre la mordedura, quizá en un intento de impedir que el virus entrase en el organismo (pese a que esas gentes no supieran que el causante era un virus). Por otra parte, el descubrimiento del Nuevo Mundo hizo que el virus tuviese contacto con otros mamíferos, de modo que en EEUU, en las praderas, se convirtió en un problema muy serio. Fue en este país en el que apareció un curioso remedio, “las piedras de la rabia”, que eran cálculos biliares de animales hervidos en leche y colocados en la herida. También se recomendaba un buen baño en el mar antes de los 9 días tras la mordedura.

Otros tratamientos no eran tan compasivos y sí mucho más drásticos; ante el temor a la enfermedad y su contagio, muchas veces los enfermos eran asesinados, como demuestra una ley francesa de 1810 en la que se prohíben los asesinatos; “bajo pena de muerte, se prohíbe estrangular, asfixiar, desangrar por las cuatro extremidades o matar de cualquier otra manera a las personas atacadas de rabia, hidrofobia o cualquier otra enfermedad que provoque accesos, convulsiones o locura furiosa. Correspondiente a la policía y a la familia de las víctimas, tomar precauciones para proteger la salud pública y la particular”.

Como podemos observar, las gentes del pasado no disponían de buenos métodos para curar la rabia, por lo que era mortal casi siempre. Es entonces cuando cabe preguntarse ¿cómo se hizo frente a la enfermedad?

Para empezar hay que señalar que había varias teorías que querían mostrar por qué se producía la rabia; la miasmática (la rabia estaría causada por miasmas o malos aires, influyendo las condiciones atmosféricas), la contagiosa y la del contagionismo contingente, que quería unificar las dos anteriores. La humanidad tuvo que esperar a la llegada de Louis Pasteur para tener la respuesta correcta.

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Louis Pasteur. Uno de los científicos más grandes de todos los tiempos

Pasteur hubo de apoyarse en muchísimos trabajos anteriores para poder tener dicha respuesta. Así, no podemos olvidar los trabajos de Gottfried Zinke (quien demostró que la rabia podía transmitirse por la saliva), Franz Christian Krugelstein (escribió un libro sobre la enfermedad en 1826) y Charles Jacques Bouchdart (influenció a Pasteur al pensar en la posibilidad de inoculaciones frente a la rabia). Además, Pasteur ya había trabajado contra el anthrax y contra la erisipela porcina, y sabía que la inoculación profiláctica era una pieza clave con la que combatir a la rabia.

Así pues, hizo un primer intento en el que inoculó saliva de un niño enfermo en un conejito, pero no tuvo éxito. Continuó sus estudios junto a su colega Émile Roux, y juntos supieron determinar que el agente de la rabia se podía encontrar en la médula espinal, así que desecaron fragmentos de médula espinal de conejos con rabia para poder aislar el virus. Después de arduo trabajo, crearon una vacuna que se inyectaba de manera subcutánea a los animales enfermos. Y funcionaba bastante bien…

A pesar de los buenos resultados, Pasteur era bastante reacio a usar esta vacuna en los humanos, dado que pensaba que faltaban años de investigación para perfeccionar su vacuna. Pero dado que el éxito de Pasteur fue ampliamente difundido por la prensa, no tardó en acudir a su laboratorio un niño, Joseph Meister, que tenía 9 años de edad y que había sido mordido por un perro rabioso unos días atrás. La madre pidió al investigador que los ayudase y Pasteur decidió usar su vacuna en un ser humano por primera vez. La comunicación de Pasteur a la Academia de Ciencias, ya después de tener la seguridad de sus resultados sobre el tratamiento de Joseph Meister, data de 26 de octubre de 1885, con la siguiente cita: “Joseph Meister ha escapado, por tanto, no sólo a la rabia que las mordeduras habrían podido desarrollar, sino a aquella que le inoculé para control de la inmunidad debido al tratamiento, rabia más violenta que aquella que producen los perros callejeros”.

Lo había logrado. Pese a que su vacuna era peligrosa (tenía casi un 2% de mortalidad) era lo más eficaz que se había visto nunca contra la rabia, por lo que en poco tiempo se vacunaron a millares de personas por todo el globo, y Pasteur pudo recibir importantes donaciones para fundar el Instituto Pasteur, tan importante hoy en día (de aquí han salido varios Nobeles de Medicina). Lo que venía a continuación eran aportes y modificaciones sobre esta vacuna, con el fin de hacerla más eficaz y segura. Destacar los trabajos llevados a cabo por Fuenzalida y Palacios en 1954, que consiguieron desarrollar una vacuna (conocida como vacuna CRL) bastante segura y eficaz, la más usada hoy en toda América Latina. También destacar las vacunas obtenidas de tejido no nervioso, algunas de ellas son una excelente opción terapéutica.

LA RABIA EN ESPAÑA

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Queda bien claro dónde afecta más esta enfermedad; tercer mundo

Así pues, hoy disponemos de un arma potente y eficaz, además de segura, por lo que la rabia tanto en humanos como en animales es  un asunto más del pasado que de hoy en día en los países occidentales, aunque es un problema bastante importante en otras partes del globo; cada diez minutos muere en el planeta una víctima de la rabia, siendo la mayoría de los casos en entornos rurales y sobre todo, en África y Asia (especialmente en la India).

Centrándonos más en nuestro país, ¿cuál es la situación de esta enfermedad en España? Pues aquí la rabia ha casi desparecido, y digo casi porque aunque se consideraba erradicada en 1978, de vez en cuando vuelve a atacar. Si hablamos de la rabia en animales debemos saber que hoy en día es el murciélago el principal reservorio y el perro el vector de transmisión más importante, aunque no el único. El reservorio de la rabia salvaje (la que se da en el ámbito rural) es el zorro en el caso de España.

Las zonas más afectadas son Ceuta y Melilla, por el contacto con perros rabiosos que llegan desde Marruecos, donde existe un menor control veterinario. Además, ni en Cataluña, País Vasco, Asturias ni Galicia las vacunas son obligatorias (a diferencia del resto de comunidades) por lo que existe el riesgo de que puedan originarse brotes.

PERO… ¿QUÉ ES LA RABIA?

Mi más sincera enhorabuena si has llegado hasta aquí. Entiendo que esta parte haya sido aburrida y un poco cargante pero te prometo… Que esta parte también lo será, así que si te quedas, que sea por propia voluntad.

Lo cierto es que ya sabemos que la enfermedad es bastante chunga, pero sería bueno que tuviésemos una visión general de lo que se produce:

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Perro con la secreción de saliva característica

Imagínate que te ha mordido un perro (o un murciélago, por qué no) con rabia. El virus estará presente en la saliva del animal, y entrará en las células musculares que rodeen la herida. El virus está confinado en estas células, hasta que se adhiere a receptores nicotínicos de acetilcolina de células nerviosas periféricas, lo que quiere decir que alcanzará los nervios que inervan las células musculares en las que se asentaban en este primer periodo de incubación, que dura en torno a 4 días comúnmente (aunque puede durar años). Posteriormente el virus viajará por los axones de los nervios hasta alcanzar las neuronas de la médula espinal. Es por eso que la vacuna, como luego veremos, debe administrarse en estos momentos, dado que podemos frenar ese viajecito que el virus hace hasta la médula.

Una vez que ha alcanzado estas neuronas, el virus se replica y pasa inadvertido para el sistema inmune del individuo, que no es capaz de atacarlo ya que va a viajar a partir de este momento por dentro de las neuronas. Es entonces cuando el virus se disemina a muchos tejidos a través de los nervios periféricos (llegando al músculo cardiaco o a las glándulas salivales, lo que producirá la salivación profusa tan característica, así como la posibilidad de transmisión por mordedura). Pero el punto más importante que alcanza el virus es el encéfalo, originando una encefalitis muy grave que cursa  con una clínica que puede ser muy llamativa. Asimismo, si hiciéramos una biopsia cerebral (aunque en humanos no se suele hacer, suele hacerse en perros) encontraríamos lo que se denomina cuerpos de Negri en el citoplasma de las neuronas cerebrales, unos corpúsculos que contienen partículas virales y que son bastante indicativos de que el paciente o el animal sufre la enfermedad.

Cuando está en la fase de incubación generalmente es asintomático, y hasta que llega a las neuronas de la médula espinal el virus sólo provocará síntomas inespecíficos durante unos días, como una ligera sensación de hormigueo en la zona de la mordedura, así como náuseas y vómitos, anorexia, fiebre… En las siguientes fases depende de qué zonas del organismo queden afectadas, pero si se produce la tan temida encefalitis, durante aproximadamente una semana el paciente sufrirá hiperactividad, ansiedad, violencia (son curiosas algunas fotos de pacientes rabiosos atados a las camas de los hospitales), delirios, depresión, dolor de cabeza… Y lo más característico, hidrofobia o miedo al agua. Esto se produce porque los pacientes tienen espasmos faríngeos y no pueden deglutir, por lo que se les escapa el agua constantemente, pese a tener muchísima sed. Por eso los perros rehúyen el agua cuando padecen la enfermedad y por eso hidrofobia es un sinónimo, o al menos lo era, de rabia.

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Muchas veces estos pacientes requieren que se les sujete en la camilla

Después de esta fase llegamos al coma, que acaba casi siempre en muerte, el paciente fallecerá al cabo de unos días. De hecho la muerte ocurre en unos 18 días tras comenzar los síntomas, y una vez llegada a la segunda fase (cuando el paciente comienza a tener síntomas) es mortal en casi un cien por cien de los casos.

Cabe destacar que este tipo de rabia que hemos descrito es la más común y se le conoce como furiosa o encefalítica, pero lo cierto es que hay otro tipo de rabia que se denomina muda o paralítica. Si tu perro tuviese este tipo de rabia no tendría ataques violentos e intentaría morderte, todo lo contrario, se aislaría y se mostraría deprimido todo el tiempo, tratando de esconderse en lugares apartados. Por el contrario, los animales silvestres afectados por rabia muda se acercan a los humanos puesto que pierden el miedo hacia ellos e incluso se muestran cariñosos. Esta rabia también es mortal, puesto que como su propio nombre indica, acaba produciendo parálisis ascendente, afectando a los músculos respiratorios.

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Cómo afecta el virus en tu organismo

¿QUÉ HACER?

En primer lugar tenemos que diagnosticarte de la enfermedad si un perro u otro animal te ha mordido. La verdad es que no hay ningún método adecuado de diagnóstico, por lo que más sensato es no correr riesgo y ponerte una vacuna posexposición. En Europa usan mucho una vacuna de origen aviar denominada PDEV, aunque hay una gran variedad de ellas, y difieren bastante en función de la zona geográfica en que nos situemos. Esta vacuna se da en cuatro dosis a lo largo de dos semanas. También se aplica (sobre todo en EEUU) una dosis de inmunoglubulina humana contra la rabia, que generalmente acompaña a la primera dosis de vacuna. Esta inmunoglobulina procedería de pacientes que ya están vacunados contra la rabia y tienen anticuerpos con los que defenderse al virus. Esta inmunoglobulina se aplicaría, por tanto, en personas que no estuvieran vacunadas antes de la mordedura.

También es importante el cuidado de las heridas, requiriendo una correcta limpieza de la zona con una solución de jabón, etanol o cloruro de benzalconio. Con esa limpieza podemos matar a muchos virus de la zona antes de que pueda a ir más el asunto. Eso sí, nunca debemos cerrar la herida, dado que el quitarle oxígeno al virus sólo favorecería su multiplicación.

Creo que es importante señalar que todas estas medidas se han de tomar ANTES del comienzo de los síntomas, dado que si los presenta ya no podemos usar este arsenal terapéutico y la enfermedad toma un cariz muy grave. Por eso digo que no hay que esperar mucho a aplicar estas medidas, esperando por un diagnóstico que generalmente requiere hacer una PCR para encontrar el virus en diferentes muestras del organismo y que podría tardar días.

Y, por último, es esencial un correcto control de la población animal, siendo este control la medida más eficaz, barata y esencial en la lucha contra esta enfermedad. Sin la colaboración de veterinarios y perreros, se complicaría mucho este combate que la humanidad ha librado contra este virus y que ha hecho posible que, al menos en España, todo esto sea cosa del pasado.

¿QUÉ PASÓ CON JEANNA GIESE?

Tal vez ya ni te acuerdes de la pobre chiquilla, pero no sé si te suena que cuando la ingresaron ya tenía un estado neurológico muy deteriorado. De hecho, ya tenía hidrofobia y sialorrea, por lo que comprenderás que su pronóstico era muy malo, ya que había superado la fase en la que todavía hay opciones de hacer algo por el paciente.

Así pues se informó a los padres de la escasa o nula posibilidad de salvar a la niña, por lo que se decidió un tratamiento paliativo y un tratamiento agresivo que hasta entonces no se había empleado en ninguna parte del mundo. La idea era bastante original; inducirle un coma a la paciente (usando ketamina y midazolam) durante al menos una semana, con el fin de proteger su SNC. También se le administró ribavirina y amantadina (antivirales) para que, mientras la niña estaba en coma, combatiesen al virus. No se le puso vacuna o inmunoglobulina dado que ya serían innecesarias e ineficaces. Al cabo de esa semana se fueron disminuyendo los fármacos y la niña despertó del coma; poco a poco fue recuperándose tardando meses para una recuperación parcial. Sí, la niña (que ahora debe ser ya toda una mujer de 27 años) tiene algún problema como alteración del tono del brazo izquierdo, un poco de inestabilidad para andar, dificultad en el habla y algo de coreoatetosis (movimientos incontrolables). Pero lo cierto es que sobrevivió a un pronóstico que auguraba un cien por cien de muerte, y puede hacer una vida completamente normal.

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Esta historia al menos tuvo un final feliz

El caso de Giese es único en el mundo y estableció un protocolo que se denomina protocolo Milwaukee. Este protocolo (inducir el coma y ayudar al sistema inmune con antivirales) ha sido probado en 36 pacientes más hasta la fecha, pero sólo han sobrevivido 5 (siendo el último el caso de una niña californiana que padeció la enfermedad en 2011). Lo cierto es que nunca sabremos por qué esta chica sobrevivió a la enfermedad; tal vez fue porque la cepa de virus era atenuada, o tal vez porque Giese tenía un sistema inmune excelente. Recordemos que Giese en ningún momento recibió vacuna ni inmunoglobulina, y aunque hubo supervivientes a la enfermedad antes que ella, todos ellos recibieron vacunas.

NOTA: Aquí os dejo la pobre traducción que he realizado de un texto que la propia Giese ha escrito relatando su experiencia:
“Soy católica. El domingo septiembre 12,2004, asistía a misa con mi madre en la iglesia de San Patrick en Fond du Lac, Wisconsin. A unos 15 minutos del final de la misa, un pequeño murciélago comenzó a volar alrededor de la iglesia, molestando a la congregación. El murciélago voló a la parte posterior de la iglesia y un ujier lo golpeó, cayendo el murciélago al suelo.
Al ser yo amante de los animales, cogí al murciélago con la intención de liberarlo afuera. Cuando llegué hacia él, rápidamente me di cuenta de lo lindo que era y evalué la situación: el murciélago estaba con su espalda hacia mí. Me agaché y decidió que la forma más segura para recogerlo sería por las puntas de las alas, así que lo hice. Tan pronto como agarré el murciélago,  dejó escapar un chillido muy fuerte, y siguió haciéndolo, por lo que me incorporé y corrí hacia la puerta.
Tan pronto como la abrí, el murciélago hundió su colmillo en la parte superior del dedo índice izquierdo. ESO DUELE. Fue como si me inyectaran una aguja impregnada en ácido en la punta del dedo. Me acerqué a un pino cercano y quería dejarlo ir, esperando si el murciélago volaría hasta el árbol. Pero no se soltaba de mi dedo, por lo tanto, agarré al murciélago, la separé de mi dedo, y lo solté hacia el árbol. Después me dispuse a caminar hacia el interior de la iglesia para retomar mi posición al lado de mi madre.
Esos 30 segundos con el colmillo del murciélago en mi dedo cambiaría mi vida para siempre.
El miércoles 13 de octubre de 2004 tomé el autobús con el resto de mi clase de segundo año en la escuela secundaria Springs de Santa María. Ese día, yo estaba muy cansada y me sentía enferma. Al día siguiente, Jueves, 14 de Octubre, me desperté casi demasiado enferma como para poder moverme. Sin embargo, teníamos un partido de voleibol muy importante esa noche que quería jugar, no podía dejar que mi equipo perdiese, así que fui a la escuela de todos modos y después al partido de esa noche. Durante los calentamientos comprobé que tenía visión doble. Casi me desmayé un par de veces, así que le dije a uno de nuestros entrenadores que estaba demasiado enferma como para jugar. Me dijo que simplemente me sentara en el banquillo. Ese partido fue horrible para mí; lloré porque no podía jugar, no sabía qué me estaba pasando. Después del partido, me acerqué a mi madre y le pregunté si sabía por qué no jugaba. “Debido a que no te sientes bien”, fue su respuesta. Respondí: “No. Tenía visión doble.”
No recuerdo nada después de eso aparte de algunos sucesos aleatorios. Ese sábado hubo un partido de fútbol, pero yo estaba demasiado enferma para salir de la cama. Por la noche estaba tan mal que me tuvieron que llevar a urgencias. No puedo recordar mucho.
Recuerdo estar sentado en una silla de ruedas, y vomitando en la manta de mi madre que me mantenía caliente. Recuerdo al neurólogo que me hizo tenerme de pie sobre una pierna, pero no podía mantener el equilibrio. Recuerdo que el médico salió de la habitación, y de repente me acordé de la mordedura de murciélago y se lo dije a mi madre, que entonces se lo dijo al neurólogo. Miró el punto en el dedo donde tuve la herida, y nos dijo que no era nada de qué preocuparse, ya que había sanado. Recuerdo mi primera resonancia magnética, después de lo cual me desplomé en una silla.
Me mandaron a casa. Luego volví al día siguiente, lo que es peor. Me hospitalizaron y me hicieron prueba para todo. Todas las pruebas fueron negativas. Mi brazo izquierdo estaba temblando, no podía estar de pie, tenía exceso de saliva y no podía hablar. Mis padres estaban viendo morir a su única hija. Mi pediatra, el Dr. Howard Dhonau, entró en mi cuarto lunes por la mañana a ver cómo estaba. Mi madre de repente le habló de la mordedura de murciélago. De inmediato salió corriendo de la habitación y llamó a Hospital Infantil de Milwaukee y les dijo que yo era un posible caso de rabia.
Me enviaron a Hospital de Niños el lunes, 18 de octubre, 2004.
Cuando llegué, tomaron una muestra de piel de la parte posterior de la cabeza y lo enviaron a los CDC en Georgia. La rabia fue confirmada, y dijeron que tenía 4 horas de vida.
El Dr. Rodney Willoughby no estaba dispuesto a dejarme morir. Él investigó en internet y encontró un par de frases clave que le ayudaron a idear un tratamiento. Él les dijo a mis padres mi pronóstico, y luego ofreció la opción del tratamiento experimental. Él les dijo que nunca se había hecho antes, y que no sabe si va a funcionar o si no iba a salir del coma.
Mis padres se miraron y permitieron al doctor Willoughby probar el experimento. Sabían que si lo hacían, los médicos estarían un paso más cerca de encontrar una cura.
Me pusieron en coma para aislar mi cerebro y permitir que mi propio sistema inmunológico combatiera el virus. Siete días más tarde, me sacaron lentamente del coma. No se sabía si estaba realmente viva, o si mi alma había abandonado mi cuerpo. Mi madre y el doctor Willoughby decidieron que era el momento de averiguarlo. El Doctor Willoughby me mantuvo los ojos abiertos porque estaba demasiado débil como para hacerlo por mi cuenta. Mi madre y mi doctor Willoughby se quitaron las máscaras para que pudiera ver sus rostros. El doctor Willoughby me dijo que mirara a mi madre. Lo hice, y mantuve mi mirada. Ellos sabían que yo estaba allí.
Pasé 11 semanas en el hospital. Tenía que tomar 15 pastillas por la mañana y 2 por la noche para reponer del todo lo que mi cuerpo perdió en la batalla. La más importante fue la BH4, sin que yo hubiera muerto unos meses después de sobrevivir. Yo estaba en rehabilitación desde el día en que me sacaron del coma. Tenía que volver a aprender a hablar, caminar, pararme, recoger cosas, comer, beber, todo lo que un bebé aprende.
Echaba de menos a mi familia. Ellos me visitaban, por supuesto, pero fue un cambio después de pasarme toda la vida viéndolos todos los días en casa. Odiaba a mi madre cada vez que se iba, y lloraba de alegría cuando ella regresaba. Extrañaba a mis amigos. Me perdí mi escuela. Extrañaba a mis perros. Echaba de menos mi habitación. Yo estaba tan aislada… Pero las enfermeras que tenía eran magníficas, me ayudaron a aliviar el dolor de no estar en casa.
El 1 de enero de 2005, tuve la oportunidad de ir a casa. Mis padres me llevaron fuera de las puertas del hospital, con mi madre y 3 hermanos caminando a mi lado y uno de mis muchos animales de peluche en mi regazo. Había muchísimas cámaras y agencias de noticias que querían una fotografía de la superviviente de la rabia que volvía a casa”.
NOTA CINEMATOGRÁFICA: El sistema de transmisión de este virus tan particular creo que se puede ver en decenas de películas… Y es que las películas de zombies (al menos la inmensa mayoría) copian este sistema, aunque hay que señalar que nunca se ha visto que la mordedura de un ser humano pueda transmitir la rabia a otro ser humano, pese a que se haya aislado el virus en la saliva de algún enfermo. Si tuviese que señalar alguna pieza cinematográfica, diría que The Walking Dead es la que más me viene a la cabeza, sobre todo porque en la primera temporada nos hablaron de un virus que provocaba que la gente se transformase en caminantes (recordemos que en la serie no se menciona la palabra zombie por ningún lado). Supongo que la película Soy Leyenda (2007) también pueda encajar aquí.
13dd8c5957d76be0e85777d45c303960Por otra parte, la rabia como tal ha sido tratada en alguna película, aunque no en demasiadas. Quizás una de las más famosas sea Old Yeller (1957) que narra una historia en la Texas de 1860 en la cual dos niños, que viven en una remota granja se hacen amigos de un perro que da nombre a la película. En resumen y como no creo que nadie vea la película, al final el perro por defender a la madre de los chicos de otro perro rabioso, contrae él mismo la rabia y a lo largo de la película vemos su transformación y su clínica hasta que Travis, el niño protagonista, le tiene que pegar un tiro para acabar con su sufrimiento. Y es que así Disney hacía antes las películas para críos, con menos ñoñerías. Incluso en Friends demuestran lo traumática que fue la película: Friends – Old Yeller
Por último, destacar un capítulo de House MD, el que lleva por título Histories, y es el décimo episodio de la primera temporada. En él, una indigente tiene clínica de rabia y el doctor Foreman, sin saberlo, se confía demasiado, de modo que la paciente muerde a Foreman y le transmite el virus (pese a que no se ha documentado ningún caso de transmisión humano a humano, como ya señalé antes). Tras una serie de diagnósticos erróneos, descubren la enfermedad de la paciente y, como ella está en un estado muy avanzado, no pueden hacer nada, mientras que curan a Foreman. Es uno de los pocos episodios en los que a House se le muere un paciente.
Y no recuerdo más películas con la rabia como protagonista, aunque seguro que las hay a patadas por ahí…

PD: Cotilleando un poco por ahí, aquí tenéis el twitter de la protagonista de nuestra historia: https://twitter.com/jeanna_giese

 

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